Tiene una buena amiga que está de pan y moja; ella sueña con algo más, pero él la tiene floja.
Le invita a merendar solitos los dos en casa; él acepta encantado, ya veremos lo que pasa.
Es un día de verano, una tarde de calor; ella, para estar más fresca, se queda en ropa interior.
Él está muy asustado, el pobre empieza a sudar; para refrescarse un poco se tiene que desnudar.
Tapa el pito con las manos, lo tiene algo encogido; ella le mira diciendo: "estamos entre amigos".
—Vete pronto a mi tocador, está en el cuarto de baño, allí tengo yo una crema que aumentará su tamaño.
Cogió la primera crema que vio en el cuarto de baño, se untó una buena ración para aumentar su tamaño.
Las prisas nunca son buenas, y por no leer primero, el pito se puso duro... ¡Parecía de puro acero!
Ante tal acontecimiento, él no sabía qué hacer; desenroscó bien el tubo para poderlo leer.
Casi se cae del susto, la había liado buena... Esto es lo que decía el letrero de la crema:
"Pomada para los callos: frótela y se endurece; a los pocos días se cae... ¡Y al final desaparece!"

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