Las desventuras de Antonio
Antonio llega borracho a las seis de la mañana; la María está dormida, tranquilamente, en la cama.
Trata de abrir la puerta, la noche no es oscura; lo que pasa es que ve doble, no acierta con la ranura.
El hombre vive en un quinto, la María no despierta; él sigue dando voces, ella duerme a pierna suelta.
Agotado se marea y se tiene que sentar, a ver si sale un vecino para él poder entrar.
Sale el vecino del cuarto, que se tiene que levantar; como tarda demasiado, se le vuelve a cerrar.
Llega uno a descansar de una jornada muy dura, y le dice: «¿Tú qué haces hurgando en la cerradura?».
«Tratando de abrir la puerta, ¿acaso no lo estás viendo? La llave se calentó y se me está derritiendo».
«Tienes una buena castaña, la pillaste en Casa Honorio; difícil abrir la puerta usando un supositorio».
«Ya sé por qué no abre la puerta, ahora di con la clave... ¡Me acabas de recordar dónde me guardé la llave!».

































