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viernes, 9 de enero de 2026

El Misterio del Pecho.

 —¿A dónde vas, María, con cara de funeral? —A que me vea el doctor, que esto no es nada normal.

—Te doy toda la razón: desde que estás casada, estás perdiendo el tipo y te ves desvencijada.

—No sé cómo explicártelo, me pasa algo muy extraño: me noto siempre cansada y un pecho se está estirando.

—Será que estás en estado, eso agota y quita el sueño; tus pechos están cambiando para criar a un pequeño.

—¡Ojalá fuera eso cierto! Pero de eso, nada de nada: ya utilicé el predictor y no estoy embarazada.

Al examinarla, el doctor se queda todo perplejo: un pecho es muy normal, el otro, un largo pellejo.

—Nunca vi nada igual, y sé bien lo que me digo; para que lo tenga así, me explicará el motivo.

—Mi marido es caprichoso, igual que un niño pequeño; del pecho que está estirado, él dice que siempre es dueño.

—Sigo sin hallar la razón, aunque quiera chupar algo; todos lo chupan un poco y nadie lo tiene tan largo.

—Lo entenderá usted enseguida, son unas simples bobadas: al enfadarnos, dormimos... ¡Con las camas separadas!


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