Yo quería tener novia trabajando de frutero, pero ella me rechazó: prefería un fontanero.
No entendía sus razones ni por qué me dio el desplante: ¡no es igual andar con plomo que un melocotón brillante!
Le dije: «Piénsalo bien, la fruta es mucho más sana; al mediodía una pera, por la noche una banana».
El consejo que le di es que lo pensara mejor: antes que las profesiones, yo creo que está el amor.
«Yo prefiero al fontanero por la noche y por el día, él sabe desatascar y limpiar la tubería».
«En casa surgen a diario toda clase de averías: a veces gotean los grifos y se atascan tuberías».
«Un frutero no lo arregla, tendría que gastar dinero, que la mano de obra es cara si llamas al fontanero».
Ella a mí me gustaba, sin ser ninguna belleza, pero seguir la conquista empezó a darme pereza.
Nunca más supe de ella ni con quién se casaría; tendrá los grifos brillantes... ¡Y limpia la tubería!

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