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viernes, 9 de enero de 2026

Teresa la espigada.


La Teresa

Así era la Teresa, siempre caminaba tiesa; los mozos de todo el pueblo la llamaban "la Marquesa".

Mujer de rompe y rasga, ni marquesa ni condesa, un ochenta de estatura... ¡Así era la Teresa!

En generación de bajos ella siempre destacaba; ser tan alta y buena moza, todo el mundo la deseaba.

Al ponerse a su lado muchos sentían complejo: era comparar un dóberman con un pequeño conejo.

Soñábamos con la pieza y cómo poder cazarla, disparando la escopeta al querer acorralarla.

La gente de aquel pueblo, al ver su buena estampa, no alcanzaba a comprender dónde estaba la trampa.

Si su padre era bajito (y dicen que está capado) y su madre casi enana, hay un gato aquí encerrado.

Le preguntan a la madre de dónde sacó simiente: "con chorizos de los buenos mezclados con aguardiente".

Yo sorprendí a la Teresa rezando en el camposanto; no en la tumba de sus padres... ¡Allí terminó el encanto!

Es un pequeño secreto que no pienso revelar; somos de la misma edad, no la quiero perjudicar.

A mí también me gustaba, siempre lo tengo en cuenta; pero no le tiré los tejos... ¡Pues mido uno sesenta!

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