La Teresa
Así era la Teresa, siempre caminaba tiesa; los mozos de todo el pueblo la llamaban "la Marquesa".
Mujer de rompe y rasga, ni marquesa ni condesa, un ochenta de estatura... ¡Así era la Teresa!
En generación de bajos ella siempre destacaba; ser tan alta y buena moza, todo el mundo la deseaba.
Al ponerse a su lado muchos sentían complejo: era comparar un dóberman con un pequeño conejo.
Soñábamos con la pieza y cómo poder cazarla, disparando la escopeta al querer acorralarla.
La gente de aquel pueblo, al ver su buena estampa, no alcanzaba a comprender dónde estaba la trampa.
Si su padre era bajito (y dicen que está capado) y su madre casi enana, hay un gato aquí encerrado.
Le preguntan a la madre de dónde sacó simiente: "con chorizos de los buenos mezclados con aguardiente".
Yo sorprendí a la Teresa rezando en el camposanto; no en la tumba de sus padres... ¡Allí terminó el encanto!
Es un pequeño secreto que no pienso revelar; somos de la misma edad, no la quiero perjudicar.
A mí también me gustaba, siempre lo tengo en cuenta; pero no le tiré los tejos... ¡Pues mido uno sesenta!

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