Tenía un burro enamorado que no se podía aguantar; al pasar cerca la burra, se ponía a rebuznar.
La burra era de la vecina y estaba también prendada: le correspondía al burro con una gran rebuznada.
Si querían que trabajaran, los tenían que juntar, pues al estar separados se negaban a trabajar.
Esto obligaba a los dueños, a pesar de estar casados, a pasar el tiempo juntos... y acabar enamorados.
Separó a dos matrimonios esta pareja de burros; nunca te debes fiar de animales tan cazurros.
Analizando el asunto de tanta separación, ellos se volvieron "burros" quizás por esta razón:
Él, por fijarse en la burra al verla tan entregada, comparó con su mujer... que nunca lo acariciaba.
Ella, por mirar al burro haciéndose mil ilusiones: que su esposo la tuviera en las mismas condiciones.
En historias como estas, cuando pasa la sorpresa y no cumple lo soñado... se vuelve con la pareja.

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