Pasados los treinta años, se encuentran dos viejos amigos. Se ponen a recordar sus amores y sus amoríos.
Aquellos felices años, con pocas preocupaciones, eran de correrse juergas y pasarlo de cojones.
Su memoria rescataba todas aquellas conquistas: las más guapas, las más feas, las más tontas, las más listas.
—Tú, como eras tan guapo, a todas las conquistabas; yo tenía que conformarme con aquellas que dejabas.
—A ti lo que te pasaba es que estabas como una cabra, pero también conquistabas pues tienes don de palabra.
—¿Dime con quién te casaste? ¿Si es que ella te deja hablar? —Me casé con una muda que solo sabe escuchar.
—Tú, con tantas candidatas, habrás tenido un dilema; seguro que estás casado con una tía muy buena.
—Tanto éxito tenía que me llegué a aburrir... Ahora estoy en pareja y tengo un buen marido.
El amigo se quedó mudo y sin saber qué hablar, ¡vaya par de aventureros que se han vuelto a encontrar!



































