La Hija del Rico y el Cabrero
Seis familias en el pueblo, solo una con dinero, con una hija casadera que ofrecen al cabrero.
La chica es cojonuda, una mujer de primera, pero él le pone un defecto: tiene poca delantera.
En su trabajo diario, acostumbrado al ordeño, el tamaño de esos pechos le resulta muy pequeño.
El padre, ante tal pega, rápido la soluciona: le paga una operación, ¡seis kilos de silicona!
Ante esa delantera el cabrero está flipado; son los pechos más grandes que jamás había soñado.
No se puede resistir ante cosa tan hermosa; no lo duda ni un segundo: la acepta por esposa.
En la noche de bodas él la quiere ya ordeñar; lleva el cántaro a la cama por si lo puede llenar.
Soñó con un buen negocio, que aquello sería una mina; no sacó gota de leche: ¡una puñetera ruina!
Al casarse sin amor, como a veces suele pasar, el negocio fracasó y al padre la fue a dejar.
Se difundió la noticia, cosa tan insospechada: la disputan las revistas para verla en la portada.
Él se quedó con sus cabras, ella se hizo famosa, ¡que a veces sale más a cuenta la silicona que la esposa!



































