Esa época pasada, cuando para ir al curro, se hacía el trayecto a pie o bien montando en el burro.
Esta es la curiosa historia que me contó una mujer; juró que era la verdad, yo no lo podía creer.
Solo queda un viejo burro y una burra resabiada; necesitan que la monte y que la deje preñada.
Él es ya demasiado viejo, no la puede ya montar; buscando que la fecunde, lo llevan a "comulgar".
Atan una soga al cuello, cortan su respiración; no puede ni rebuznar, no quiere la comunión.
Cinco mozos empujando, el pobre se está asfixiando; la sangre le baja al nabo, que se le va agrandando.
Es el milagro esperado, la gente está emocionada: lo suben sobre la burra para dejarla preñada.
Termina la desventura sin llegar a buen puerto: el burro estiró la pata, allí mismo quedó muerto.
Sin ese medio de transporte, no saben qué va a pasar; los trayectos son a pie y deciden emigrar.
Pasados ya muchos años, la historia produce risa: todos usan el coche y casi nadie va a misa.

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