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viernes, 30 de enero de 2026

El Cuello del Pavo.


 

Años de los sesenta, media novia, medio amiga; proponerle hacer el amor era casi una osadía.

—"Yo solo puedo hacer eso dentro del matrimonio. Son tentaciones muy graves, son cosas del demonio.

Soy católica ferviente, hacer eso me humilla; lo más que te puedo hacer, si quieres, una pajilla".

¡Vaya con la puritana! Aquello era un tormento, y no paraba de pensar en darle un escarmiento.

La imaginación despierta al ver un pavo colgado; me hago con su pescuezo, lo más parecido al nabo.

En un cine muy oscuro, camuflado en la bragueta, le digo: —"Puedes empezar, hasta que la pongas prieta".

Empieza con ilusión, está dale que te pego; la chica no lo distingue, le estoy dando bien el pego.

Satisfecha mi venganza, ya me siento más ufano; me levanto muy alegre y se la dejo en la mano.

—"¡Me la arrancaste de cuajo! ¡Yo eso lo necesito! Me marcho corriendo a urgencias para injertarme otro pito".

—"Como a mí ya no me vale, mejor te quedas con ella; puedes hacer un cocido o añadirla a la paella".

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