Aventuras de Río
Esas aventuras de niño, que hoy recuerdo en la vejez, es bonito revivirlas, al menos por una vez.
Se bañaban tres muchachas en el río, sin sus ropas. Para gastarles una broma, les escondí las de arriba y las de copas.
Sin saber qué les pasaba, yo las estaba espiando; al cabo de poco tiempo, las tres las están buscando.
Me presento con sus prendas, trato de disimular, y les digo: «Pobrecitas, me las acabo de encontrar».
—Eres un gran mentiroso, tú las habías escondido. Nos vengaremos de ti, ¡ya no serás nuestro amigo!
Al pasar un largo tiempo, la amenaza fue olvidada... Yo me bañaba en pelotas, sin temer a la emboscada.
No olvidaron el agravio, una de ellas se cobró: me quitó toda la ropa, y nunca más apareció.
Esperé a que fuera noche para volver sin un nudo. Mi madre, al ver aquel cuadro, pegó un susto cojonudo.
Como las madres son listas, supo bien lo que pasó; tras un par de preguntas, la ropa pronto encontró.
—Eso fue una gran venganza, más no puedo revelar. Si quieres saber quién fue, lo tendrás que averiguar.
Llevo años de detective con las tres de sospechosas; las tres se ríen de mí recordando aquellas cosas.

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