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jueves, 29 de enero de 2026

La Farmacia de la Vergüenza


 

La Farmacia de la Vergüenza

Una máquina en el metro me dejó muy pensativo, de lo fácil que es ahora comprar un preservativo.

Cuando los necesité, fue difícil conseguirlos; vergüenza daba de todo, y mucha más al pedirlos.

No sabía qué pedir, si paraguas o condones; quizás unos chubasqueros que sirvieran de protección.

Vigilaba la farmacia y que estuviera vacía, a ver si salía un hombre y era él quien me atendía.

Y me salen dos chicas, las dos guapas y muy finas; me sentí avergonzado y pedí unas aspirinas.

Voy a otra farmacia y me atiende otra mujer; solicité un jarabe para dejar de toser.

Sigo mi peregrinaje, me atiende un señor mayor; le veo un poco anticuado, pido algo para el dolor.

Cien farmacias recorrí, en ninguna los compré; sí, cien medicamentos que yo jamás usaré.

Junté tantos remedios que no me hacían ni gracia; solo me faltó el título para poner una farmacia.


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