La Farmacia de la Vergüenza
Una máquina en el metro me dejó muy pensativo, de lo fácil que es ahora comprar un preservativo.
Cuando los necesité, fue difícil conseguirlos; vergüenza daba de todo, y mucha más al pedirlos.
No sabía qué pedir, si paraguas o condones; quizás unos chubasqueros que sirvieran de protección.
Vigilaba la farmacia y que estuviera vacía, a ver si salía un hombre y era él quien me atendía.
Y me salen dos chicas, las dos guapas y muy finas; me sentí avergonzado y pedí unas aspirinas.
Voy a otra farmacia y me atiende otra mujer; solicité un jarabe para dejar de toser.
Sigo mi peregrinaje, me atiende un señor mayor; le veo un poco anticuado, pido algo para el dolor.
Cien farmacias recorrí, en ninguna los compré; sí, cien medicamentos que yo jamás usaré.
Junté tantos remedios que no me hacían ni gracia; solo me faltó el título para poner una farmacia.

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