Poema: El beso del sapo
Es un muchacho especial y con grandes sentimientos; cree en hadas y brujas, hechizos y encantamientos.
Tiene contados amigos, se va al campo a pasear pensando en fantasías que allí pueda encontrar.
Un amigo le encuentra en un estado muy guarro: cerca de una charca, desnudo y lleno de barro.
—¿Qué te pasó, compañero? Tu estado es de locura. —Te lo digo ahora mismo: he tenido una aventura.
Aquí topé con un ser, me cautivó su mirada; me dijo que no temiera, que era una princesa encantada.
Que la besara y chupara durante un corto tiempo; con ese simple favor cambiaría su encantamiento.
Se transformó en princesa, guapísima y cojonuda; por si esto fuera poco, estaba toda desnuda.
Me ofreció una recompensa por ser su salvador: me pidió que me desnudara y que le hiciera el amor.
Lo hicimos cientos de veces, de mil maneras y modos; en la hierba, en el prado... terminamos en el lodo.
—Tú eres un gilipollas, te espabilaré de un sopapo: estás supercolocado de tanto chupar el sapo.

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