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jueves, 29 de enero de 2026

La Faldriquera de la Abuela


 


Una abuela, me decía «Ven a mí, te quiero mucho». Sacaba de su faldriquera corruscos de pan pachucho.

Pequeños trozos de pan, muy duros y de centeno. Con cariño me decía: «¡Cómelos, que están muy buenos!».

Estaban de puta madre, con gérmenes muy nutrientes; bien chupados por su lengua, pues ella no tenía dientes.

Los cogía por vergüenza, porque tenían solera; llevarían más de un mes dentro de su faldriquera.

Estaban rebozados de sabor indefinido; ella no usaba bragas: andaban cerca del higo.

Microbios sin conocer no existían antaño; es fácil pensar así: nunca me hicieron daño.

Siendo un poco más mayor, se los echaba al gorrino, para que engordara más y poder comer tocino.

El que no vivió esos años no lo podrá comprender: la pobre abuela me daba lo que no podía comer.

Hoy nos sobran vitaminas y compramos pan de masa, pero falta aquel cariño que rondaba por su casa.

Decía que me quería con amor y con pasión... ¡Yo la habría querido más con un trozo de jamón!

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