Abuelas, chollos y condones
Dos abuelas nonagenarias, ya con bastantes dolores, si ven algo que regalan, se transforman en dos flores.
Una joven en la calle algo está repartiendo; no quieren quedar sin ello, y rápido salen corriendo.
Son cajitas muy pequeñas, preguntan su contenido: —Son promoción de una marca, contienen preservativos.
—Muchas gracias, hija mía, la cojo aunque no los uso; llevo veinte años viuda, mi chichi ya está en desuso.
La otra, más avariciosa, sueña que los va a usar; quiere llevarse tres cajas, por lo que pueda pasar.
La joven que los reparte se queda petrificada; no sabe muy bien qué decir ante abuela tan osada.
La compañera reacciona a su desmedida ambición; ante cosa tan extraña, le llama la atención:
—Mujer, no los vas a usar, y nunca los has usado; no sabes para qué sirven, tu chisme está ya oxidado.
—Cuando regalan las cosas, no las puedes rechazar; quizás un día los necesite, y entonces los pueda usar.

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