Abandonamos el pueblo, abandonamos la tierra. El conquistar a una chica era como ir a la guerra.
Tremendas calamidades se llegaron a pasar, para acercarse a una moza y poderla conquistar.
Si a ella le gustabas, pero a los padres nada, era batalla perdida, difícil de ser ganada.
Forma muy recomendada para no recibir palos: empezar por los padres haciéndoles unos regalos.
Se empezaba por el padre con un regalo muy fino; el que siempre funcionaba: un pellejo de buen vino.
A la madre, blusa y falda para un día señalado. Se ponía toda chocha, la tenías de tu lado.
Si no estabas a su altura era un obstáculo más. Le decían a la chica: «¿Tú con ese a dónde vas?».
Los abuelos opinaban y daban sus explicaciones. Todo un camino espinoso, lleno de tropezones.
Al cabo de medio año, sí, se dejaba besar. Quedaba menos camino para llevarla al pajar.
Una vez en el pajar, no se quitaba la faja. No podías comer el grano y te conformabas con la paja.
Se abandonaban proyectos, había mucha burocracia. Demasiados obstáculos si no caías en gracia.

No hay comentarios:
Publicar un comentario