El tapón de la discordia
Le mandan llevar la burra a un apartado lugar; el vecino tiene un burro que la debe montar.—En cuanto acabe la faena no la dejes orinar, que el trabajo del borrico se podría estropear.
El chico queda asustado buscando una solución: ¿qué le pongo yo a la burra que le sirva de tapón?
Tres horas lleva la bestia y todavía no ha meado; si aguanta una hora más, habrá cumplido el recado.
Ya llegando hacia su casa la suerte le fue mezquina: la burra levanta el rabo y suelta toda la orina.
Dos tortas se llevó el pobre sin comerlo ni beber, y pregunta entre sollozos: «¿Pues qué tenía que hacer?»
—Te llevas un nabo gordo en cuanto el burro termine, se lo hincas bajo el rabo y que la meada retiene.
A muchos nos ha pasado
una historia parecida:
nos llevamos los sopapos,
¡y el dolor no se olvida!


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