Cuando sufrí el accidente y quedé medio chafado, tú, en todo momento, te mantuviste a mi lado.
Fracasé en un negocio, lo tuve que dejar; tú me ofreciste el hombro para poderme apoyar.
Me despidieron del tajo, me recibiste con flores, dijiste: "no te preocupes, ya vendrán tiempos mejores".
La vez que lo pasé mal, aquella que fui operado, no te separaste de mí hasta estar recuperado.
Con aquella depresión que no me dejaba dormir, me levantaste el ánimo para ayudarme a salir.
Eres mujer admirable, mereces cien monumentos, por estar siempre a mi lado en los peores momentos.
Tener tanta mala suerte
me da mucho que pensar:
¡Como tú eres el amuleto,
yo me quiero divorciar!

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