El Triste Arte de Morir
Sube el índice de vida de toda la población; analizando el motivo, esta es la conclusión:
Si a uno lo incineran, ese no quiere morir. ¡Si quemarse ya le duele, derretirse es un sufrir!
Si lo meten en un nicho, eso fastidia un montón; no hay aire acondicionado ni tienen calefacción.
Antes era "guapo" el muerto, lo enterraban en el suelo; toda la gente lloraba, ¡aquello sí que era un duelo!
No ponían esas flores de los chinos con alambre; ponían jamón y chorizo, para no pasar el hambre.
Unas velas por el día, por la noche lamparillas; por si acaso despertabas y no tenías cerillas.
Si moría la mujer, el hombre no se casaba: un día se iba de fiesta y el resto... ¡Se la lloraba!
La viuda lo recordaba toda de negro enlutada, y al visitar su tumba le echaba una buena meada.
Le decían a la viuda: "¿Por qué viene usted a mear?" "A ver si con el olor, lo logro resucitar".
Ahora es muy triste morir y se deja para otro día; quien no resulta creyente... ¡No sueña con otra vida!

































