La colada y la prisa
—¡Cariño! Me hice la manicura, tengo que esperar una hora, así que te pido, por favor, que pongas la lavadora.
—Metes en ella la ropa, pero solo de colores, y le añades una pastilla de las que huelen a flores.
Ya terminó el lavado... —¿Ahora qué tengo que hacer? —La sacas en el barreño y la pones a tender.
Ponle bastantes pinzas, tenlo muy bien en cuenta, que aunque estemos en verano, puede haber una tormenta.
Yo me voy a cambiar, quiero llevar poca ropa; hace un día tan caluroso que me ha hecho una sopa.
Deberías hacer lo mismo, quitarte algunos trapillos, seguro sudas menos si andas en calzoncillos.
El cielo se pone oscuro, parece que va a llover, ella desnuda en el baño, él no sabe qué hacer.
Él mira al cielo nublado, luego la mira a ella, con tanta duda en el alma que se le nubla la estrella.
—¡Recoge toda la ropa! ¡No tardas ni un periquete! Tienes solo dos minutos, ¡date prisa y me la metes!
—¡Que no soy Superman! ¡Dos cosas no puedo hacer! ¡O te recojo la ropa, o te la voy a meter!

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