Sin Partida Presupuestaria
Lugar: el ayuntamiento. Ve un bulto allí enrollado. Cuando al fin lo desenvuelve, es un niño abandonado.
Asustado y asombrado, con el niño entre sus brazos, pregunta si lo olvidaron mientras apura los pasos.
Se hacen los despistados, no le presta nadie atención. No le queda más remedio: ¡al Alcalde, una reunión!
—¡Señor! Hallé a este bebé, créame, no le miento. Si no aparecen sus padres... ¡Serán del Ayuntamiento!
—De aquí no puede ser hijo, somos de mil partidos. No hay dos que se hablen aquí, estamos muy divididos.
Hacemos cosas extrañas al cumplir con el deber, evitamos cualquier cosa que nos produzca placer.
Trabajamos para el pueblo, siempre de mal humor. Fastidiamos cuanto podemos, pero siempre sin amor.
Para llegar a acuerdos se debate meses y meses, pero no nace nada bueno que termine en nueve meses.
Aquí se hace y se deshace con desgana y con pereza, y al terminar el trabajo, no tiene pies ni cabeza.
Nos lavamos las manos en cuestión de criaturas; mejor llévelo a un convento o a un colegio de curas.
No busque aquí parentesco ni herencia de este lugar, que un político no engendra nada que deba cuidar.

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