El Visitante de Agostini
El hombre llegó a su casa notando algo muy extraño: una botella, dos copas... su mujer sale del baño.
Desnuda y muy sudorosa, ausente y bien despeinada, ni un beso de bienvenida, le mira como atontada.
Cuando pasa al dormitorio, el corazón le da un vuelco: la cama está toda deshecha y el cuarto se ve revuelto.
Él confía en su mujer, siempre ha sido muy formal; "ella nunca me engañaría, esto es algo paranormal".
La sienta para que se calme, hay tiempo para esperar; cuando esté recuperada, ya se lo podrá contar.
—Cariño, por Dios, perdona, no pienses mal de mi vida: aquí entró un extraterrestre y por él fui seducida.
—No me lo puedo creer, ¡eso es ciencia ficción! No me tomes por un tonto, dame otra explicación.
—Que era de otro planeta, de eso estoy muy segura; me hizo cosas en la cama en una y mil posturas.
Cuando me dejó rendida, nos tomamos un martini; dijo que él pertenecía al planeta De Agostini.
El marido, ya vencido, suspiró con amargura: —¡Lo que faltaba en la casa, otra nueva colección de altura!

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