San Antonio de la Florida.
Años 60
Lugar para buscar novia: la ermita de San Antonio. Allí todas las modistillas iban buscando un novio.
Allí me presenté yo, soñando ser escuchado. Le dije: "Trátame bien, que vengo recomendado".
Tropieza una chica al salir, por culpa de unos escalones. Se hizo daño en la rodilla: no usaba pantalones.
Ayudo a que se levante, le digo: "¿Te hiciste daño?". "Me fastidié la rodilla, no vi bien ese peldaño".
Se agarró de mi brazo, sin saber yo qué le pasa. Me pide, como un favor, que la acompañe a su casa.
Cuenta la historia a su madre, que está muy agradecida. Me hace pasar al salón y me ofrece una bebida.
Me confiesa que es vidente y que adivina el futuro. Quiere pagarme el favor: no me costará ni un duro.
"¡Sabes qué veo en tu mano! Eres un chico genial. Tú volverás con mi hija, eres el novio ideal".
"Mi hija se tropezó por una señal divina. Tú eres el escogido, eso pronto se adivina".
Salí pitando de allí, asustado y atontado. No sabía qué hacer, creí que estaba hechizado.
Se portó bien San Antonio, la chica estaba de vicio. Pero yo buscaba un ligue, no caer a un precipicio.

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