El tiro por la culata
—¡Marido, eres un celoso! Pensabas que tenía un ligue, y te gastaste el dinero contratando a un detective.
—De celos yo no padezco, te lo puedo asegurar; seguro lo has soñado o lo acabas de inventar.
—Desde hace quince días alguien me sigue los pasos; me explicarás el porqué, si yo no le hacía ni caso.
Un día ya me paré, le pregunté qué quería, si es que yo le gustaba y por qué me perseguía.
No me supo responder, me miró muy sorprendido; confesó que era un encargo por parte de mi marido.
No me digas que es mentira ni me pidas que me calle, te advierto que no soy tonta: puedo darte más detalles.
Tiene los ojos azules y una buena estatura, su cuerpo es atlético y su culo es de locura.
Lo pulí a mi manera, dejé que siguiera adelante; es un buen profesional... ¡Y ahora sí tengo amante!
Muchas gracias, querido, así no me encuentro sola. Él es más guapo que tú y, además, ¡usa pistola!
Así que no te me quejes, ni me pongas malos modos, tú pagas la vigilancia... ¡Y yo disfruto de todo!

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