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sábado, 24 de enero de 2026

La Tormenta del Bromista


 

La Tormenta del Bromista

Tenía al compañero ideal, un bromista empedernido; hoy se encuentra ante el juez por matar a su marido.

—Señora, está ante mí, por violencia feminista; declare lo que pasó y no se pase de lista.

—Se lo explico, Señoría, nada le hará dudar; comprenderá los motivos, todo lo puedo aclarar.

Un día en pleno invierno, me encontraba yo lavando; me lanzó un cubo de agua que me dejó tiritando.

Le miré muy sorprendida, él no se dio ni cuenta: —Es una broma, cariño, fue cosa de la tormenta.

Al poco cogió garbanzos, ¿y sabe usted lo que hizo? Me los tiró a la cabeza diciendo que era granizo.

Otro día, con un petardo, yo me encontraba fregando; me lo explotó entre las piernas, decía que estaba tronando.

Sepa usted, su Señoría, que tanta broma atormenta; ya me tenía hasta el moño de jugar a la tormenta.

Yo tenía cerca un hacha, pero tenga la certeza: ¡que le cayó un rayo encima y le partió la cabeza!

Así que no me condene, sea justo, Señoría, que a un hombre muerto por rayo lo juzga la astronomía.

La cuenta de la juerga


 

La cuenta de la juerga

Salió una noche de juerga, volvió por la mañana. La pilló tan especial, que sigue con ella en cama.

Ya se tomó una pastilla para poder aguantar, está suda que te suda y no para de sudar.

Quiere salir de la cama, tiene que ir a trabajar, pero ella le acompaña aunque se vaya a mear.

Se apoderó de su cuerpo, está hecho una mierda; ya casi no tiene fuerzas para librarse de ella.

Cuando pasas de la raya, las cosas salen torcidas; esta no se despega de él al menos en quince días.

Él se creía un machote que aguantaba de maravilla, pero esta es tan cojonuda que le dobla la rodilla.

Lo mejor quedar en casa, y no ir de botellón. Evitarás la resaca, y cuidarás el riñón.

El remedio del despistado


 

El remedio del despistado

No se entera de nada, es la mar de despistado, si su mujer se insinúa, no se da por enterado.

—Hoy te noto diferente, algo cambió en tu cuerpo; estás tan bella y radiante, que resucitas a un muerto.

—Es muy normal en mí, me pasa de vez en cuando; pero tú, por despistado, nunca lo estás notando.

Al mirarte a los ojos, noto algo muy extraño; me miras fijamente, están como brillando.

—Si me dieras un achuchón, sentirías lo que estoy sintiendo: tengo un calor sofocante, mi cuerpo está ardiendo.

—Estamos en invierno, no me acaba de cuadrar, que lleves tan poca ropa, que te puedes resfriar.

—Tú tienes la solución, para aliviar mi zozobra; no me seas gilipollas, pon manos a la obra.

El marido está hecho un lío, piensa y requetebién, no sabe si ir al médico, tal vez llevarla a urgencias.

Se ilumina su cerebro, encontró la medida, la mete en la bañera, con una ducha de agua fría.

Ella sale tiritando, con un enfado tremendo: —¡Lo que tú eres es tonto, y no un marido estupendo!

La Quietud del Olvido


 

La Quietud del Olvido

Un rincón de paz profunda, el pueblo de mi mujer, de pobladores mayores, próximo a desaparecer.

Son las cinco de la tarde, bajo un sol muy inclemente; no veo a nadie en la calle, aquí ya no queda gente.

Contemplo al fin la ribera, oigo al jilguero cantar; cruza un avión las nubes, perdiéndose en el altar.

Giro la vista a un paraje de flores y mariposas, que vienen a buscar polen, tan frágiles y hermosas.

Es curioso observar a la mariposa en su afán: si se le acerca una abeja, sus alas pronto se van.

Caminando con mi nieto por el monte abandonado, sorprendimos a un zorro, vimos pasar un venado.

Se escucha el canto de un gallo desde una aldea cercana; él hace de despertador a las seis de la mañana.

Si buscas ser ermitaño y anhelas la soledad, ven pronto para este sitio: aquí la encontrarás.

Es mejor que vengas solo, pues dos son una multitud; deja el móvil y el engaño, disfruta de la quietud.

Pues en este rincón muerto, donde el alma encuentra paz, la soledad no es un peso, sino un bálsamo veraz.

El Molino y el Cura


 

El Molino y el Cura

Sin títulos de arquitectos, ni planos hechos a mano, construyeron un molino para moler bien su grano.

No había electricidad, y eso es lo que aquí cuenta; al pueblo no llegaría hasta los años sesenta.

Se reúne todo el pueblo el día del estreno, e invitan también al cura para que sople el veneno.

Corre el vino y aguardiente, se desata la locura; están todos ya bien trompas, ¡el que más bebe es el cura!

El agua mueve al molino, que marcha de maravilla, pero olvidan una cosa: el ponerle la trampilla.

Si el molino nunca para y la piedra sigue andando, con tanto rozamiento se acabará destrozando.

No saben cómo pararlo, y el cura es un gordinflón; se ponen todos de acuerdo ¡y lo usan de tapón!

Cuando lo sacan del agua, el hombre había adelgazado; escribió rápido al Obispo pidiendo ser trasladado.

Aquel suceso la Iglesia jamás se lo ha perdonado: se quedaron sin el cura y nunca fue reemplazado.

Como ya no queda gente, murió toda la locura: ya no hace falta el molino... ¡Y mucho menos el cura!

Hoy el cauce va en silencio, la piedra ya no rechina: el tiempo fue más gigante que la fuerza de la harina.



El cambio de aceite


 


El cambio de aceite

Una pareja de novios se fue un día a esquiar; olvidaron las cadenas, pese a lo que pueda pasar.

Se les pinchó un neumático poco antes de llegar. Hacía un frío de mil demonios, y la tuvieron que cambiar.

Salió a cambiarla él, pues ella no tiene ni idea; aunque tenga su carné, de mecánica... ni ralea.

Le cuesta poner el gato, hace un frío acojonante; las manos se le congelan por no llevar unos guantes.

Regresa pronto hacia el coche, la calefacción es poca; las orejas se le parten, se le queda tiesa la boca.

—¿La cambiaste ya, cariño? —¡No! Me quedé pajarito; déjame entre tus brazos calentarme un poquito.

Ese calor natural siempre resulta un deleite; se pusieron calentitos... ¡Y cambiaron el aceite!

El amor lo puede todo, nos pasa a cualquiera; olvidaron que tenían asistencia en carretera.

Moraleja de esta historia: Si el frío te desespera, mejor es un buen abrazo que asistencia en carretera.


¿Te 

El Ahorro del Difunt

El Ahorro del Difunto

Teme tanto a la muerte, no piensa en otra cosa; antes de hacer el amor se lo dice a la esposa:

—Si muero antes que tú, lleguemos a un acuerdo: no quiero que me olvides, quiero un entierro de acuerdo.

—Estoy conforme contigo, si te tengo que enterrar, ya puedes ahorrar dinero para poderlo pagar.

—Hay una forma sencilla, pues las veces serán muchas: cada vez que "lo hagamos", dos pesetas a la hucha.

—Es una idea estupenda, pues de esa manera, los hijos o tú me haréis un entierro de primera.

Pasan sesenta años, la familia está enterada: para pagar el sepelio, la hucha será vaciada.

—Un panteón señorial, eso será lo primero; cinco curas, cien misas... ¡Va a sobrarnos el dinero!

Más, al romper la alcancía, se les borra la sonrisa: ¡por haber pecado poco, se queda sin flores ni misa!



Los Marusos de Toledo

 

Los Marusos de Toledo

Trabajando en el comercio, entre el sótano y rejillas, atisbábamos a las mozas, su ropa y sus pantorrillas.

Cuando no estaba el patrón, todo estaba calculado: un frasco de buen perfume en el sitio inapropiado.

Justo encima de la trampa, si era bella la señora, el espía desde abajo disfrutaba de su hora.

Pasaba la información de todo lo que veía, mientras fuera, ante la moza, el resto presumía.

—Hoy vas de color azul, ponte mejor las granates, que estás en los días críticos y vas dejando remates.

—Sois unos tontos del bolo, no sabéis lo que me pongo, que vuestra vista no alcanza ni el borde de mi tongo.

—Y tú eres una ignorante que te crees muy espabilada, somos todos adivinos con la vista bien entrenada.

Al no ser de aquel lugar, nos llamaban los "mar
usos", una especie un tanto extraña entre adivinos y brujos.

Éramos seis dependientes, las chicas nos tenían miedo, y ni brujos ni adivinos, comieron rosca en Toledo.

El Milagro de María

 

El Milagro de María


Ella, ferviente católica; él, más bien un renegado. Entre juramentos y rabia, siempre vive cabreado.

—¿De qué te sirve, marido, soltar tantos juramentos? Si tú no crees en Dios, no escuchará tus lamentos.

Teniendo fe en las cosas, todo se puede curar; si se lo pides al Señor, Él lo puede solucionar.

Al médico tú no vas, el curandero no cura... ¡Reza un poco al Señor y no te mofes del cura!

A misa la acompañó, se portó divinamente; las manos entrelazadas, rezando como un creyente.

Dejó incluso de jurar, a ver si así mejoraba; ha pasado medio año... y sigue sin notar nada.

—¡María, esto no cura! ¿Cuánto tengo que rezar? Ya me estoy aburriendo, esto no empieza a mejorar.

—Marido, lo que tú pides, a Dios le suena a engaño; ¡cómprate ya la Viagra, que te hará mejor apaño!


El estreno esperado



 

El estreno esperado

Nació en una época mala, su infancia no fue mejor, con solo dos pantalones, causando mucha aflicción.

Ambos llenos de remiendos, sin nada que estrenar, el dinero escaseaba y no se podían comprar.

Con tanta escasez de ropa, si uno se le rompía, al otro algo le pasaba; siempre el mal le coincidía.

Una vez se rompió uno justo por la bragueta, y el "miembro" se le salía haciéndole la puñeta.

No se los podía cambiar, pues el repuesto que había se rompió al tirar un pedo... ¡Y fue todo el mismo día!

Así marchó para la escuela, muy triste y de mala gana, y su cola, sin permiso, se asomaba a la ventana.

Cambiaba él la postura cuando tenía que escribir, pero ella, que iba por libre, se le volvía a salir.

Las niñas, al observarlo, no paraban de reír; con la cara enrojecida él se quería morir.

Aquel miembro tan rebelde no lograba dominarlo: si lo ponía al derecho, se asomaba, por el contrario.

¡Cuántos complejos tenía! Vergüenzas pasó a montones... hasta que en la Comunión, estrenó unos pantalones.

Y al verse tan elegante, por fin pudo descansar, pues la "cola" prisionera ya no pudo ver el mar.

El Paso del Tiempo


 El Paso del Tiempo

Muchos años de casados, tengo la piel arrugada; me ignoras tanto, marido, que ya estoy un poco "hinchada".

¡Marido, fíjate en mí! Deja el juego y el azar, que aunque los años me pesen, hay mucho que aprovechar.

Me pasa igual que a la fruta cuando empieza a madurar: se pone dulce y más tierna, fácil de paladear.

Recuerdo la última vez... ¡Ni el pijama te quitaste! Ni cuenta me di, siquiera, de lo poco que duraste.

Yo quiero seguir gustándote, pero dime de qué modo; dime qué tengo que hacer antes de perderlo todo.

—No te preocupes, cariño, verás que no pasa nada, hoy nos "despelotaremos" y quedarás relajada.

Al ver al marido en cueros, ella exclama, de pasada: —¿Esa mierda es tu aparato? ¡Con razón no siento nada!

—¡Joder con la desmemoriada! Te estás pasando de lista... ¡No te echo un "Kike" más hasta que pierdas la vista!

Y así termina la historia, entre riñas y pasión: ¡él guardando su aparato y ella con un buen sofocón!

Los Sabores del Ayer


 
Los Sabores del Ayer

Comer de todo un poco ya no es un problema, cuando yo me criaba toda comida era buena.

La berza era la estrella de esa dieta variada: servía como verdura, carne, fruta y ensalada.

Repollo con pimentón, para chuparse los dedos; se hinchaba bien la tripa, se soltaban buenos pedos.

Comía brotes de espino y las moras que ellos dan; si estaban algo verdes, las pasaba con el pan.

La hora de la merienda no estaba establecida: trincaba lo que pillaba a cualquier hora del día.

Tuve la mejor dieta y no lograba engordar: siempre faltaba comida a la hora de zampar.

Comíamos de la fuente con la pitanza justa; nadie decía entonces: "esto no me gusta".

Vivía suplicando que llegara un día de fiesta, por si mataban un gallo y me tocaba la cresta.

Podría contar muy fácil esos días especiales: eran cinco al año, los demás... todos iguales.

Hoy lo cuento con orgullo, aunque fue dura la tierra, pues me tocó ser un niño nacido en la posguerra.

El Centenario del Abuelo.


 

El Centenario

El abuelo cumple cien, no pasa todos los días, son fechas muy especiales con la familia reunida.

Adoran al centenario, que es duro como los robles, lo quieren ver muy derecho, no dejan que se nos doble.

Se tuerce hacia un costado, todos corren a ayudarle, solícitos a su lado, buscando cómo enderezarle.

—No bebas de ese vino, no sabes de qué está hecho, toma este buen Rioja, que te mantendrá derecho.

Con jamón de pata negra, y siempre en justa medida, te pondrás mucho más fuerte y te alargará la vida.

Lo colman de atenciones, de besos y de regalos, pero el pobre está pasando por unos momentos malos.

Tanta ayuda y cuidado no los puede soportar, y les pide, por favor, que le dejen ladear.

—Todos sois unos cielos, pero si no me ladeo, no se me abre el trasero... ¡Y no me sale el pedo!

La familia se apartó al oír aquel estruendo: ¡cien años bien celebrados con un trueno de los buenos!

Crónica de un engaño


 

Crónica de un engaño

Muchas reuniones políticas, difíciles de entender. Un mayor y sin estudios, no las puede comprender.

Hablan con frases extrañas, que "quieren tender un puente". ¿Es que no saben nadar o no aguantan la corriente?

"No pactar a cualquier precio", otra frase que no entiendo. ¿Habrá dinero por medio o es que se están vendiendo?

La "órbita" del partido me parece una tontuna. ¿Acaso no están en la tierra o viven todos en la luna?

Es difícil comprender qué cosa es un "contubernio". ¿Será como hacer las paces entre la suegra y el yerno?

Como están todos perdidos, tienen que buscar sus rumbos; están igual que un borracho: por la calle dando tumbos.

Piden unos a los otros que tengan "renovación". ¡Será cambiar el chorizo por un trozo de salchichón!

Salta una nueva palabra, el famoso "Compromís". Será votar entre todos para elegir a una miss.

Nunca se ponen de acuerdo, otra vez habrá elecciones. A gastar nuestro dinero y a tocar los cojones.

Así nos va en este mundo, con tanto lío y sermón. Ellos se llevan la pasta... ¡y nosotros el sofocón!

El Baile en Castilla


 El Baile en Castilla

En la Castilla profunda, de mentes muy atrasadas, ir a bailar a otro pueblo era empresa arriesgada.

De joven se arriesga mucho, fui a un lugar desconocido; de tiempos de Mari castaña, más cerrado que el mío.

Vi a una moza muy sola, nadie la osaba invitar; estaba bien la muchacha, lo que me llegó a extrañar.

"La curiosidad mató al gato", y eso me pudo pasar; le eché un par de pelotas: —"Dime, ¿quieres bailar?".

Rápido se aferra a mí, me quedo muy sorprendido; siempre decían que no, más a un desconocido.

Tras dos piezas musicales, ella seguía a mi lado; yo empecé a sospechar: "Aquí hay gato encerrado".

Su padre la vigilaba, el más bruto del lugar; al que se arrimara un poco el cuello le iba a quebrar.

Yo ignoraba aquella historia y bien que la apretujaba; ella estaba por la labor, yo noté que le gustaba.

Contempla el padre, la escena, los dos calientes, a tono; el hombre viene hacia mí, ¡quiere partirme el lomo!

El baile se paraliza, todos miran la función; —"¡Corre, muchacho! —me dicen—, ¡evita la paliza hoy!".

Vaya que salí corriendo, sin mirar nunca hacia atrás; salté montes, crucé ríos... ¡Y no volví nunca más!

Hoy recuerdo aquel susto con mi vida ya asentada, que por un baile apretado casi no cuento ya nada.


Las Promesas y la Desmemoria


 

Es como si los Reyes Magos adelantaran su llegada; como somos niños malos, no nos traerán casi nada.

Todos lucen fabulosos, están limpios, van de blanco, pero luego meten mano: el tonto, el listo y el manco.

El veterano del paro ya no debe preocuparse; hay una "fácil" receta: la de pronto suicidarse.

Y para el octogenario que proteste por sus dones: ¡que se muera rápidamente y subiremos pensiones!

¿Ayudas para los campos para que no queden secos? Mejor traer los productos que se crían en Marruecos.

Bajará toda vivienda y el recibo de la luz; será un país de diseño, sin esperas en salud.

Prometen y prometen, no se cansan de prometer; es lo de toda la vida: engañar hasta meter.

Una vez que lo consiguen, se les borra el recuerdo; y aplican ese refrán: "si te he visto, no me acuerdo".

Venden humo en el discurso, nos engañan con el cebo, y al llegar las elecciones... ¡Tropezamos de nuevo!

Así se cierra el engaño, con la cuenta bien llenada, mientras el pueblo se queda con la cara de tontada.

Y aunque el palo sea fuerte y nos quiten hasta el pan, mañana vendrán otros... ¡Y de nuevo nos la darán!


El cura y el diablo


 

El cura y el diablo

Un cura está muy enfadado, habla del diablo en la misa, pero la gente lo ignora y hasta le entra la risa.

«¡Sois unos incrédulos! —dice sin poderlo creer—, un día os lo presento para que lo podáis ver».

Contrata entonces a un actor, de diablo lo disfraza, lo saca en pleno sermón y espera a ver qué pasa.

Entra el actor en escena, la gente queda aterrada; la iglesia se queda vacía en una gran desbandada.

El cura está sorprendido, no esperaba tal reacción; solo queda un viejecito escondido en un rincón.

A él se acerca el diablo: «¿Por qué no te has marchado? Te veo muy tranquilo, ni siquiera te has asustado».

«Está bien que te presentes, tenía ganas de verte, y no tener que esperar hasta el día de mi muerte.

¡Si yo soy tu cuñado! —le dice con pocas ganas—, que llevo ya cincuenta años aguantando a tu hermana.

Así que no me das miedo, ni me asusta tu figura, que el infierno en el que vivo es peor que tu tortura».



El Picaro del Resfriado.


 
EL PÍCARO RESFRIADO

Es un poquito quejica, bromista y aprovechado. Se ha quedado en la cama por un simple resfriado.

Tiene muchas amigas por su don y simpatía. Les dice que va a morir, que le quedan pocos días.

Que pasen a despedirse ahora que todavía está cuerdo: quiere llevarse a la tumba de cada una un recuerdo.

Se presentan las mujeres demostrando su amistad; le darán lo que él pida, cumplen con su voluntad.

—Eres una gran amiga, mi queridísima Aroca, me llevaré tu memoria... ¡Da cien besos en mi boca!

—Piluca, siempre te quise, pudiste ser mi pareja. Dame fuertes abrazos mientras me rozas la oreja.

—A ti, Concha, amiga mía, por favor te lo pido: que me bajes el pijama y me acaricies el ombligo.

Pero Lupe, que no traga que él se vaya a palmar, le manda besos de lejos y no se quiere acercar.

—No te despidas así, siendo mi mejor amiga; ¡vente a la cama conmigo, que eso alargará mi vida!

Al final se fueron todas, quedó allí abandonado... ¡Y es que todos temen mucho contagiarse el resfriado!

Por querer ser tan tunante y dárselas de acabado, ahora nadie le da besos... ¡Por miedo a acabar contagiado!

Pan, vino y tocino

 

Pan, vino y tocino

Pan, vino y tocino, antes eran esenciales; con eso llenaban la tripa, con eso curaban los males.

De niño escuché mil historias, de alguna aún me acuerdo. Casi todas hablaban de hambre, esta viene hoy a mi recuerdo.

Sucedió entre madre e hija, la escuché yo de chiripa: poco le hablaba de amores, solo de llenar la tripa.

La madre decía a la hija: «Como esto pronto no cambie, busca un rico y no un amor, y procura no pasar hambre».

A la chica la busca un mozo que mata más de un gorrino, que cosecha mucho trigo y hasta él mismo se hace el vino.

Pero ella siempre lo rechaza y, cuando la madre se entera, le dice: «Hija, tú estás loca o estás mal de la sesera».

«Sabes bien que son tres cosas las que resultan primordiales: con pan, vino y con tocino, se remedian todos los males».

«Remedian los de la tripa, quitan el hambre al momento, pero para estar satisfecha, hace falta un complemento».

«Comprobé que tenía pan, bebí un buen vaso de vino, y me comí un bocadillo con un trozo de tocino».

«Me mostró aquellos manjares y me dejó impresionada... pero cuando enseñó el chorizo, ¡me dejó decepcionada!».

Moraleja de esta historia: no te fíes del destino, que no todo es buen embutido, aunque sobre el pan y el vino.

La Potencia del Abuelo


 

La Potencia del Abuelo

Un abuelo en la consulta le comenta a su doctor: —Quiero bajar mi potencia, que cada día es mayor.

Cuando salgo por la calle y veo a tanta jovencita, no lo puedo remediar: ¡mi aparato se me excita!

Al llegar el verano, con tanta carne tierna, me duele la cabeza y se doblan mis piernas.

Si no logro bajarla, me sube la tensión, y moriré, de seguro, de un fuerte corazón.

Pienso que es una campaña que el gobierno ha diseñado: ¡muchachas con poca ropa para el pobre jubilado!

—Señor, no piense eso, es que el clima ya mudó; la mujer tiene calor y por eso va desnuda.

Lo suyo no es tan grave, cuéntelo a la parienta; ella le echará una mano y la pondrá más contenta.

Tire el pantalón de pana, use uno más fresquito; así irá mucho más cómodo y refresca el pajarito.

—Doctor, no me ha entendido, se lo explico despacito: ¡la potencia de la mente es la que quiero en el pito!

Si el seso sigue tan fuerte, y lo de abajo tan tieso, ¡prefiero ser un ignorante y que me funcione el hueso!

Buscar amor en la red


 

Buscar amor en la red

Buscar amor en internet es un método moderno: puedes ligar un "bombón", o puedes ligar un "muermo".

Aquel ser indefinido presumía de excelente, con matrículas de honor y una mente sobresaliente.

Y con ella se casó, pues la chica era muy bella; pero nada de la casa sabía hacer la doncella.

"Cariño, haz tú la comida, yo preparo la ensalada; pero mira que esté sosa, no me gusta muy salada".

"Antes limpia bien la casa y pon luego la lavadora, que yo no sé ni agarrar el palo de una escoba".

"Después arreglas la cama, que yo no sé cómo hacerla; a mí solo se me da bien, ¡acostarme y revolverla!".

"Amor, ¿sabes hacer algo? Casi no lo puedo creer; dime qué es lo que dominas, qué cosas sabes hacer".

"Soy una mujer muy culta, con estudio superior; tengo varias medallas y matrículas de honor".

"Enséñame todo eso, que me quede convencido". "Ahora mismo puedes verlo: ¡vente a la cama conmigo!".

Allí le enseñó de todo, en lo que era la mejor, por lo que ganó medallas y matrículas de honor.

Perdón pido a las mujeres, no pretendo ser osado; si esto se aplica al hombre... ¡Tiene el mismo resultado!

Así que busca con tiento, no te nuble la pasión; que hay estudios que no sirven, si no es bajo el edredón.

El Abuelo y la Ambiciosa


El Abuelo y la Ambiciosa

Abuelo rico se casa con joven muy ambiciosa; ella tiene mucha marcha, a él... le falla la cosa.

Disfrutar lo que le queda para él no es una broma: se somete a un trasplante de un miembro que sea de goma.

No calculó bien sus fuerzas, la edad no tuvo en cuenta; ella tiene seis velocidades, él... una sola y muy lenta.

—Cariño, me acuesto antes, que ya soy un hombre mayor; mejor te pones tú encima, que tú te mueves mejor.

Ella está entusiasmada, le aplica "la batidora"; quiere quedarse viuda ¡y cargárselo en una hora!

De la cama sale humo, ella no lo detecta; el viejo pide más marcha y ella le mete la sexta.

Aquí acaba la historia de este matrimonio extraño; la culpa la tuvo ella por pretender un apaño.

Con la alcoba bien cerrada y los dos allí jadeando, la goma se les quemó... ¡Y acabaron asfixiando! 

Ni herencia, ni testamento,ni lujos con buena vida; se fueron los dos al hoyo, en una marcha suicida.

viernes, 23 de enero de 2026

El Camarero y la 101


El Camarero y la 101

Camarero en un hotel, no servía habitaciones; una vez que me tocó, pasé un susto de cojones.

Fallaron las camareras, tuve que hacer el servicio. No me pude negar: son las cosas del oficio.

Me cargué con la bandeja, habitación ciento uno; allí había dos turistas que pidieron el desayuno.

La puerta no está cerrada, entro con mucha atención: veo a una rubia desnuda en medio de la habitación.

Me quedé como una estatua, nada se me ocurre; se me sale el corazón, la bandeja se me escurre.

Todo se cae al suelo armando gran alboroto; pasada ya mi sorpresa, me marcho como una moto.

Se lo cuento a mi jefe, se ríe de mi ignorancia: «Eso pasa cada día, nadie le da importancia».

Se enteran las compañeras, me tomaron mucho el pelo: «¿Te asustaste de un conejo? ¿Estaba pelado o con pelo?».

Cuando pasé a veterano, servía esos desayunos... ¡A ver si veía más conejos y podía pillar alguno!

Que aunque el susto fue de muerte, ¡ay, quién tuviera esa suerte!


Caballeros y Princesas


  Caballeros y Princesas

Estamos hoy aquí reunidos para una boda celebrar, al estilo de otros tiempos que hoy queremos recordar.

Es una unión con gran acierto, donde el honor es lo primero: ella es nuestra noble princesa y él, su leal caballero.

Él tiene grandes cualidades (aunque algún fallo se asoma), cabalga en moto al trabajo, ¡y a muchos caballos doma!

Ella, cuál digna princesa, cumplirá sus anhelos, es una mujer estupenda, una dama de altos vuelos.

Bienvenida a nuestra familia, te doy hoy mi bendición, que sea un feliz matrimonio en esta noble unión.

Que se quieran y se cuiden, de su dicha me adelanto: seré buen padre para él, y el mejor suegro para ella, a quien amo tanto.

A su familia también hoy quiero yo resaltar: son amables y sencillos, y fáciles de tratar.

A los aquí presentes, gracias por su compañía, por ser amigos tan fieles... ¡Y que tengan un gran día!

Alcen sus copas, señores, por este amor que es ya fijo. ¡Brindemos todos con ganas en la boda de mi hijo!

El Abogado en el Cielo


 

El Abogado en el Cielo

Para entrar en el cielo, tenían estipulado, que bajo ningún concepto se colara un abogado.

Pero llegó un picapleitos, malo, malo de cojones, que sabía mucho de leyes y empezaron los follones.

San Pedro le da el alto y le prohíbe pasar: —¿Tú quién eres aquí para no dejarme entrar?

—El guardián de la entrada, y aquí está prohibido entrar gente como tú, que siempre nos mete en líos.

—No tengo por qué creerte, bajo ningún juramento; enséñame los papeles, acredita el nombramiento.

—No tengo acreditamiento, pero lo arreglo en un plus: te vas a cagar del susto cuando veas a Jesús.

—Yo soy el Hijo de Dios, y te estoy ordenando que tú aquí no entras... ¡Te puedes largar pitando!

—Tú a mí no me chuleas ni me asustas de momento; para demostrar quién eres, ¡partida de nacimiento!

Puedes decir que eres Dios o puedes ser el Demonio... Exijo el libro de familia y partida de matrimonio.

Dice Jesús a San Pedro: —Mejor, déjale pasar; no tengo papeles en orden y nos la puede liar.

Y así entró el abogado, con su astucia y su malicia, que hasta en el Reino de Dios le gana el pleito a la Justicia.


Confesión sin pantalones


 

Confesión sin pantalones

—Padre, quiero confesar, me encuentro abochornado: solo con ver unas faldas, rápido estoy empalmado.

—Explícame el porqué, pues eso a mí me importa: ¿te pone con falda larga o te ocurre con la corta?

—A mí eso me da igual, pues se me nubla la mente; sea larga o sea corta, eso me es indiferente.

Igual me da que sea fea, una vieja o joven zuela; que esté casada o soltera, que sea viuda o abuela.

—Lo tuyo no es normal, eso es una obsesión; necesitas un psiquiatra, no vale una confesión.

Yo me largo ahora mismo, que tengo mucho que hacer; vente cuando estés mejor, yo no te puedo absolver.

—No se marche tan deprisa, que me quedan más historias: lo que le hice a mi suegra, a su madre y a mi novia.

El cura sale corriendo, había que echarle cojones: estar a solas con él... ¡Y sin llevar pantalones!

Aquel cura no volvió, ni a la iglesia ni al altar, pues con el culo en la mano solo quería escapar.

El Agapornis de la Familia


 El Agapornis de la Familia

Una soleada mañana, me levanté tempranito, y al abrir la ventana se coló un pajarito.

Se posó en mi cabeza, allí se puso a cantar, y sin previo aviso, me logró enamorar.

Ya es de la familia, está muy integrado, no quiere su jaula, nos sigue a todos lados.

Se mete conmigo al baño, se ducha mi gran amigo, encima de mi cabeza, haciendo el nido conmigo.

Cuando ya estamos secos, él se siente como nuevo, se posa en mis partes, ¡y quiere empollar sus huevos!

Cuando está con mi mujer, se posa sobre una teta, la besa y la acaricia, se pone muy chuleta.

Estas cosas tan curiosas, difíciles de comprender: pájaro al estar conmigo, pájara al estar con él.

Cuando entra en casa de mi nuera, se siente el rey del salón, se le posa en el hombro y le roba el corazón. Ya no hay puerta que lo pare ni rincón que no recorra, ¡este bicho es un artista que a la familia atolondra!

¿Será tan inteligente? Es una duda enorme, si no creen esta historia... ¡Cómprense un agapornis!

El Milagro del Rezo


El Milagro del Rezo

Viuda quedó la mujer, tan triste y deprimida, que al morir aquel marido casi acaba con su vida.

Pasó dos años de luto sin querer salir de casa, sus hijas se preocupan: la tristeza no se pasa.

—"Mamá, quítate el negro, viste ya de mil colores; no vayas al camposanto, no lleves ya más flores.

Él no va a resucitar, deja ya de sufrir tanto, tienes que salir al baile y olvidar ya todo llanto".

Como está de muy buen ver, pronto surge un candidato; lo acepta como amigo solo por pasar el rato.

Se toman unas copillas, se ponen muy contentos, y se marchan a un hotel a disfrutar el momento.

Ella no queda desnuda por lo que pueda pasar: lleva las bragas de luto y se pone allí a rezar.

Él, que queda sorprendido, comienza a reflexionar: se pinta el "palo" de negro para poderla acompañar.

—"Católico también soy y te ayudo en el altar; con tres padrenuestros diarios lo haremos resucitar".

Desde entonces la mujer no para nunca de rezar: ¡tanto quería al marido que lo logró olvidar!

Bendito sea el devoto, que con luto la engañó; pues rezando de esa forma, del muerto ni se acordó.

El Café de la Mañana


l Café de la Mañana

Unos jóvenes comentan cómo les gusta el café. A ella le gusta con leche, a él le gusta el exprés.

Coinciden en el estilo y en cómo hay que tomarlo: muy caliente y muy despacio, para así saborearlo.

Ella prefiere beberlo temprano, por la mañana. Servido en una bandeja, mucho mejor en la cama.

Esa idea a él le encanta, sería algo muy especial. Mucho mejor que un café a la hora de merendar.

"Aunque me gusta el exprés, prefiero tomar poquito, para sentir su textura bebiéndolo despacito".

"A mí también me gusta, bien dulce y muy caliente, para que el sorbo me dure y no acabe de repente".

"Veo que somos afines, casi nada diferenciados: nos gusta más en la cama que tomarlo aquí sentados".

"A ti te toca pagar, más yo invito mañana: ven a cenar a mi casa... ¡Y desayuna en la cama!".

Y así, entre aroma y suspiros, con el sol en la ventana, que el café sea la excusa para quedarnos mañana.



El Regalo de la Discordia


 

El Regalo de la Discordia

El mozo tiene una novia, está muy enamorado; es una buena persona, por sus padres aprobada.

Quiso hacerle un buen regalo, cometió una equivocación: robó en una joyería, y esa fue su perdición.

Solo fue un simple anillo, aprovechó un descuido, pero fue pronto pillado, arrestado y detenido.

Su novia está ya en estado, se pensaban ya casar; si el suegro llega a saberlo, no lo podrá tolerar.

Imposible es ocultarlo, por lo que le puede caer; la pena es una burrada, algo tendrán que hacer.

"Retiren esa denuncia, son fallos de enamorados". "Si pagas veinte anillos, los cargos son retirados".

Al retirar las denuncias, saben lo que va a pasar: no le queda otro remedio que tenerse que casar.

Pasan ya los veinte años, la mujer le ha recordado: "Da las gracias al abuelo, o estarías encerrado".

"¡Qué gracias ni qué cojones! Si él no hubiera intervenido, mañana sería libre... ¡Y no casado contigo!

¡Maldito sea el abuelo y el trato que hizo conmigo!"


No tocar los HUevos



En unos servicios públicos, hay un hombre allí encogido, con la cara enrojecida, parece que está estreñido.

Entra otro en el servicio, no lo encuentra muy normal, le pregunta qué le pasa, pues lo está viendo fatal.

—Compañero, ¿qué te ocurre? Te veo muy encogido, ¿te duele mucho el estómago o es que estás muy estreñido?

—Recogí unos análisis y me acabo de enterar, que tengo varias cosillas que me funcionan muy mal.

—Nadie estamos perfectos, todo se puede arreglar, hay muchas medicinas que te podrán curar.

—Lo mío es más complicado, me produce mucha duda, es que para ciertas cosas necesito mucha ayuda.

Estoy que no puedo más... ¿Tú me puedes ayudar? ¡Sácamela, por favor, que tengo ganas de mear!

—¿No puedes sacarla tú? ¡Dime qué coño te pasa! ¿Me ves cara de idiota o tienes ganas de guasa?

—¡Es que vengo del doctor! ¡Me puso un régimen a tope! Dijo: "El colesterol está alto... ¡Y los huevos ni los toque!"

Salió el otro por la puerta soltando una carcajada: —¡Pues si no tocas tus huevos, no vas a echar ni una gota!



El Diagnóstico de la Mujer

El Diagnóstico de la Mujer

El hombre se encuentra mal, cada día un poco peor, es reacio a medicinas y a visitar al doctor.

—Marido, eres un cabezón y así no te vas a curar, ya te pedí cita al médico y te voy a acompañar.

Le hacen unos análisis, él no los quiere ni ver; que de todo lo que salga se entere solo su mujer.

—Su marido no está mal, vea usted los resultados: solo necesita amor y unos mimos adecuados.

Que no fume, que no beba, que haga el amor cada día, que tenga mucho descanso y una excelente comida.

Si sigue bien este régimen y corre alguna juerga, vivirá muchísimos años... ¡Seguro que a usted la entierra!

La mujer escuchó atenta, guardó el papel en la mano, pensó: «si le digo esto, este se me pone sano».

Llega la mujer a casa, él pregunta muy asustado: —¡Dime pronto cómo estoy y cuál fue el resultado!

—Que estás hecho una miseria, que vas a dejar de sufrir... ¡Pon los bienes a mi nombre, que pronto te vas a morir!

Aniversario con Solera


 

Aniversario con Solera

Celebran un aniversario, treinta años ya de casados. Y piden para la cena un surtido de pescados.

La señora se conserva, como buena cincuentona, pero esa noche se arregla y se pone muy matona.

Es una cena especial, con un servicio muy fino, y escoltan al menú dos botellas de buen vino.

Llega la hora del baile, él ya un poco mareado, la aprieta con una fuerza que nunca antes había usado.

Ella, extrañada, pregunta: —¿A qué viene esta cosa? —Cariño, es que con el vino, ¡te pones como una rosa!

—¿Qué vino ni qué narices? ¡Estás tonto, mi marido! Yo solo he tomado agua, vino nunca he bebido.

—Que tú no bebas, mi vida, no cambia nada la cosa... ¡Yo me trinqué las botellas y ahora te veo preciosa!

Ella, viendo el panorama, aprovechó la ocasión: se pidió otra botella, pero esta vez... ¡De ron!

Soñó con una noche loca, toda llena de pasión, pero a él le dio un desmayo por subida de tensión.

Ella se tomó su ron con un aire de victoria, mientras él duerme la mona ¡sin pena ni gloria!


Premio para el Vencedor.


 Cuantas amistades rotas por culpa de una mujer, que al gustarle a dos amigos nadie la quiere perder.

Ella elige al más apuesto, el otro no puede aguantar, se marcha lejos, bien lejos, para poderla olvidar.

Pasados ya varios años regresa el que fue ignorado, con la duda en la memoria de saber qué habrá pasado.

Llamará pronto a su amigo para sellar la hermandad; él también está casado y quiere firmar la paz.

El amigo lo recibe, se citan para charlar, pues los lazos de la infancia no se deben olvidar.

"Yo también hice mi vida, no guardo resentimiento, no es tan bella como la tuya, pero vivo muy contento".

"Ya sabes cómo era la mía, poco duró el matrimonio, hoy por fin estoy libre... ¡Vivir con ella era un demonio!"

"Me dejas de una pieza, me partes por la mitad, pensar que casi peleamos y perdimos la amistad".

"Es verdad que era hermosa, ardiente como un volcán, arrasaba por donde iba, parecía un huracán".

"Sigue siendo un huracán y por donde pasa arrasa: se llevó hijo, coche y dinero, y se quedó con la casa".

Menudo "premio" ganaste, vaya suerte la del "vencedor", tú te quedaste sin un duro y yo me ahorré ese dolor.

El Preso y la Cárcel


 

El Preso y la Cárcel

Con las monjas estudió, no sabía de la vida; no había tenido ni móvil, no estaba puesta al día.

Sus padres, muy católicos, le buscan un buen partido: un muchacho de su gusto que fuera su marido.

Virgen llega al matrimonio, no conoce sus deberes; no sabe las diferencias entre hombres y mujeres.

Así, la noche de bodas, no sabe cómo actuar cuando el marido le dice: —¡Te tienes que desnudar!

Sale el marido del baño, desnudo y muy bien armado; ella, los ojos en blanco por el susto que se ha llevado.

Él también está flipado al verla en camisón: —¿Tu madre no te informó cuál era tu obligación?

—Dijo que me portara bien, que fuera muy cariñosa; que ya era tu mujer... ¡No me informó de otra cosa!

—Te diré algo sencillo, muy fácil de asimilar: esto que ves es un preso y lo tengo que encerrar.

—Entre tus piernas la cárcel a la cual fue condenado; hasta que cumpla condena, ahí estará encerrado.

Toda la noche el cautivo en esa estancia tan tierna; ella no dijo ni pío... ¡Y nunca cerró las piernas!

Viendo que el preso es inquieto y no busca libertad, ella le aplica cadena... ¡De perpetua voluntad!


¿Te gustaría qu