El Paso del Tiempo
Muchos años de casados, tengo la piel arrugada; me ignoras tanto, marido, que ya estoy un poco "hinchada".
¡Marido, fíjate en mí! Deja el juego y el azar, que aunque los años me pesen, hay mucho que aprovechar.
Me pasa igual que a la fruta cuando empieza a madurar: se pone dulce y más tierna, fácil de paladear.
Recuerdo la última vez... ¡Ni el pijama te quitaste! Ni cuenta me di, siquiera, de lo poco que duraste.
Yo quiero seguir gustándote, pero dime de qué modo; dime qué tengo que hacer antes de perderlo todo.
—No te preocupes, cariño, verás que no pasa nada, hoy nos "despelotaremos" y quedarás relajada.
Al ver al marido en cueros, ella exclama, de pasada: —¿Esa mierda es tu aparato? ¡Con razón no siento nada!
—¡Joder con la desmemoriada! Te estás pasando de lista... ¡No te echo un "Kike" más hasta que pierdas la vista!
Y así termina la historia, entre riñas y pasión: ¡él guardando su aparato y ella con un buen sofocón!

No hay comentarios:
Publicar un comentario