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sábado, 24 de enero de 2026

La Quietud del Olvido


 

La Quietud del Olvido

Un rincón de paz profunda, el pueblo de mi mujer, de pobladores mayores, próximo a desaparecer.

Son las cinco de la tarde, bajo un sol muy inclemente; no veo a nadie en la calle, aquí ya no queda gente.

Contemplo al fin la ribera, oigo al jilguero cantar; cruza un avión las nubes, perdiéndose en el altar.

Giro la vista a un paraje de flores y mariposas, que vienen a buscar polen, tan frágiles y hermosas.

Es curioso observar a la mariposa en su afán: si se le acerca una abeja, sus alas pronto se van.

Caminando con mi nieto por el monte abandonado, sorprendimos a un zorro, vimos pasar un venado.

Se escucha el canto de un gallo desde una aldea cercana; él hace de despertador a las seis de la mañana.

Si buscas ser ermitaño y anhelas la soledad, ven pronto para este sitio: aquí la encontrarás.

Es mejor que vengas solo, pues dos son una multitud; deja el móvil y el engaño, disfruta de la quietud.

Pues en este rincón muerto, donde el alma encuentra paz, la soledad no es un peso, sino un bálsamo veraz.

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