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sábado, 24 de enero de 2026

El Molino y el Cura


 

El Molino y el Cura

Sin títulos de arquitectos, ni planos hechos a mano, construyeron un molino para moler bien su grano.

No había electricidad, y eso es lo que aquí cuenta; al pueblo no llegaría hasta los años sesenta.

Se reúne todo el pueblo el día del estreno, e invitan también al cura para que sople el veneno.

Corre el vino y aguardiente, se desata la locura; están todos ya bien trompas, ¡el que más bebe es el cura!

El agua mueve al molino, que marcha de maravilla, pero olvidan una cosa: el ponerle la trampilla.

Si el molino nunca para y la piedra sigue andando, con tanto rozamiento se acabará destrozando.

No saben cómo pararlo, y el cura es un gordinflón; se ponen todos de acuerdo ¡y lo usan de tapón!

Cuando lo sacan del agua, el hombre había adelgazado; escribió rápido al Obispo pidiendo ser trasladado.

Aquel suceso la Iglesia jamás se lo ha perdonado: se quedaron sin el cura y nunca fue reemplazado.

Como ya no queda gente, murió toda la locura: ya no hace falta el molino... ¡Y mucho menos el cura!

Hoy el cauce va en silencio, la piedra ya no rechina: el tiempo fue más gigante que la fuerza de la harina.



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