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sábado, 24 de enero de 2026

Los Marusos de Toledo

 

Los Marusos de Toledo

Trabajando en el comercio, entre el sótano y rejillas, atisbábamos a las mozas, su ropa y sus pantorrillas.

Cuando no estaba el patrón, todo estaba calculado: un frasco de buen perfume en el sitio inapropiado.

Justo encima de la trampa, si era bella la señora, el espía desde abajo disfrutaba de su hora.

Pasaba la información de todo lo que veía, mientras fuera, ante la moza, el resto presumía.

—Hoy vas de color azul, ponte mejor las granates, que estás en los días críticos y vas dejando remates.

—Sois unos tontos del bolo, no sabéis lo que me pongo, que vuestra vista no alcanza ni el borde de mi tongo.

—Y tú eres una ignorante que te crees muy espabilada, somos todos adivinos con la vista bien entrenada.

Al no ser de aquel lugar, nos llamaban los "mar
usos", una especie un tanto extraña entre adivinos y brujos.

Éramos seis dependientes, las chicas nos tenían miedo, y ni brujos ni adivinos, comieron rosca en Toledo.

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