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martes, 27 de enero de 2026

El Jardín del Jubilad


 

El Jardín del Jubilado

Marido, pon atención, que ya estás jubilado, ya no riegas el jardín, lo tienes abandonado.

Recuerda que prometiste que mejor lo cuidarías, al tener más tiempo libre, regarlo todos los días.

—Es verdad, mi cariñito, lo intento y no hay manera, la realidad es otra: no funciona la manguera.

Arréglate como puedas, esto no admite demoras, que ahora hay mucho paro y jornaleros por horas.

Tú un día me mencionaste: "no me gustan tus macetas", y yo, por darte el gusto, me operé de las tetas.

Ya sabes que soy sincera, que tú eres el primero, pero si no lo cuidas... ¡contrataré un jardinero!

Tengo un bonito jardín, lo digo con orgullo, me gustan mucho las rosas y ver brotar el capullo.

Mujer, tenme compasión, que no es casualidad, la manguera se estropeó pues tiene mi misma edad.

No te quedes ahí parado y saca pronto el rastrillo, que si tú no usas la azada... ¡otro usará su utensilio!

Crisis de Altura


 

Crisis de Altura

El matrimonio está en crisis, de la noche a la mañana; y lo quieren arreglar pasando un fin de semana.

Creen que la solución es marchar a un buen hotel, olvidar las viejas rencillas con otra luna de miel.

Buscan un piso muy alto, una gran habitación, por si no cede la crisis ni regresa la pasión.

Con ventanales muy amplios para contemplar el mar, pues desconfían los dos si no llega a funcionar.

Listos los preparativos para aquel primer intento... él, al verla a ella desnuda, se viene abajo al momento.

A ella le pasa lo mismo al fijarse en su marido: le ha crecido mucho la tripa, tiene el asunto encogido.

Estalla la discusión, no saben cómo arreglarlo; ella llama a recepción: «¡Que vengan a solucionarlo!».

—En riñas de matrimonio, ni en plena luna de miel, son asuntos personales, nunca interviene el hotel.

—En eso no estoy de acuerdo, le juro que yo no miento: si la ventana no abre, ¡es culpa de mantenimiento!

He apoyado a mi marido, su decisión es vital: si no abre la ventana, ¡él no se puede tirar!

Vaya hotel de mala muerte, no nos dejan ni morir; si no arreglan la ventana, ¡nos tendremos que dormir!

El susto de Sus


 

El susto de Susi

Esta juventud de ahora, del campo no entiende nada; al criarse entre cemento, se encuentra muy despistada.

Un grupo de muchachas va al campo de excursión; dos se alejan del grupo y pierden la orientación.

Perdidas en medio el bosque, ya no saben qué hacer; no saben cómo salir, no saben ni qué comer.

Así pasan varias horas y se ponen a pensar; allí no tienen servicios, no saben dónde mear.

—Pili, ya no puedo más, no me puedo aguantar; tengo dolores de tripa y muchas ganas de orinar.

—Susi, eres una pava, además de remilgada; tienes todo el campo libre, ¡hazlo pronto ahí agachada!

Se pone a hacerlo deprisa, por si la están observando; cuando termina el proceso, una cosa sale andando.

—¡Pili, ven por favor!, que me acabo de asustar; me salió un chorro potente, ¡creo que acabo de abortar!

Mira cómo se desplaza, con sus manitas y pies; algunas veces se para y me mira del revés.

—Susi, eres una idiota, te mereces un sopapo; ¡la próxima ten cuidado y no hagas pis sobre un sapo!

Moraleja de ciudad: Si al campo vas de visita y te falta el "pedigrí", ¡mira bien dónde te agachas antes de hacer el pipí!

Al fin se juntan las piernas.


 Quince hijos parió la mujer de padres desconocidos, hasta que un hombre pudo caer y acabó siendo su marido.

Maduros ya estaban los dos, trabajaron con mucho ahínco; atendiendo a la ley de Dios, fabricaron otros cinco.

Tiempos de Mari castaña, sin gomas ni protección; con mucha fuerza y maña, se hacían sobre el colchón.

Ni esperaban a la noche para empezar con la obra; sin miedo y con derroche, que campo tenían de sobra.

De la parca nadie libra, ¡vaya un destino fatal! Perdió el cuerpo la fibra, y él se fue al lodazal.

Ella no supo estar sola, sus polluelos han volado; la muerte la llevó en volando, y hoy descansa a su lado.

En el entierro hay chisme: «¡Pecadores condenados!». Aunque el suelo los abisme, en el cielo separado.

El cura les dice adiós con frases dulces y tiernas: «¡Vayan en paz con Dios, por fin se juntan tus piernas!».

Se buscaron allí arriba, no se pueden encontrar, menos mal que fue así!, ¡y no la pudieron liar!

Objeto de colección


 Objeto de colección

Un matrimonio mayor recuerda con ilusión, la vez que él le susurró: —Vas a ser mi perdición—.

En eso se equivocó, pues se amaron locamente. Hoy no pueden como antaño, eso lo tienen presente.

Sus mentes aún funcionan y a veces tienen la gana, se animan uno al otro y se marchan a la cama.

Pero no hay nada que hacer, aunque ella esté dicharachera; le hace mil filigranas y no encuentra la manera.

La noche se vuelve larga, el sueño ya se escapó; tienen tiempo para hablar de aquello que ya pasó.

—Me acuerdo que me decías: "Aun de lejos te veo; para mí, todo tu cuerpo es objeto de deseo".

Ahora no nos miramos, ni juntos ni separados; tú no quieres ver arrugas... ¡ni yo el "pinganillo" arrugado!

—Tu escopeta ya no sirve, no funcionas en la cama; para mí que solo eres un viejo cantamañanas.

En la vida todo pasa, hasta nos cambia el guion: ese "objeto de deseo" hoy es pieza de colección.

Se ríen de sus miserias, se abrazan con devoción; que si falla la herramienta, sobra con el corazón.

Los Cartuchos del Pirotécnic


 

os Cartuchos del Pirotécnico

Se ha casado tres veces, su obsesión son las mujeres. La última es muy joven, no cumple con sus deberes.

Ahora las buscan jóvenes, dicen que no pasa nada, pero al ser él tan mayor, su pólvora está mojada.

En consulta al urólogo, le cuenta toda su pena: que ya poco puede hacer y su mujer está buena.

El doctor mira su edad, ve que está muy acabado, y le pregunta al momento en qué oficio ha trabajado.

—Mi oficio fue peligroso, aunque yo fuera un técnico; siempre trabajé con pólvora: fui maestro pirotécnico.

—Eso tiene su lógica, así avanzaremos mucho. La naturaleza es sabia, lo explicaré con cartuchos.

—Cincuenta años de vida, con dos cartuchos por día... seguro que ya gastó lo que le correspondía.

El hombre saca sus cuentas, repasando mentalmente, y calcula que le queda un montón de remanente.

—Doctor, no estoy de acuerdo, según el cálculo echado, aún me quedan un porrón, no creo haberlos gastado.

—Solo contó usted los buenos, ¡un error del ser humano!, pues se olvida de contar... ¡los que explotan en la mano!

El hombre quedó callado, con la mirada perdida, pensando en tanto petardo que malgastó en su vida.

Cuando el juego era Peligro


 Las vacas allá en el pueblo, al campo iban a diario. Se llevaban a pastar, a un lugar comunitario.

Varios chicos y muchachas, nos solíamos juntar. Las vacas pastaban solas, nos poníamos a jugar.

Las chicas buscaban juncos, pues siempre fueron curiosas. Hacían cuerdas de saltar, cestas y otras muchas cosas.

Los chicos a otros juegos, por ser algo más cazurros. Unos a echar peleas, otros a montar los burros.

Era un peligroso juego, pero a pesar de eso, nadie pensaba en caerse ni en romperse algún hueso.

Apareció entonces el "listo", (nosotros éramos burros). Pidió atarse las piernas bajo la panza del burro.

Para que corriera más, se nos ocurrió otra cosa: le metimos bajo el rabo una planta muy espinosa.

Salió a toda pastilla, sobrevino el fracaso: en vez de caer al suelo, él se quedó boca abajo.

Su cabeza rebotaba, como un balón desinflado. Los demás nos quedamos pasmados y muy asustados.

Como la cuerda era de juncos se rompió rápidamente; él se quedó muy maltrecho con la cabeza caliente.

Fueron a buscar al burro, el cual se había perdido, y nos prohibieron jugar a juego tan divertido.



El Misterio de los Jamones


 

El Misterio de los Jamones

En tiempos creía la gente en brujas y maldiciones; ocurrió un caso extraño que afectó a los jamones.

Normalmente en las casas se hacía una excepción: para la época de la siega se reservaba un jamón.

Se envolvía en papeles, con un saco tapado; se ponía en un sitio oscuro, en un lugar reservado.

Las casas no se cerraban, allí no había ladrones; todos mataban cerdos, nadie robaba jamones.

Pero salta la alarma al destapar un jamón: se convirtió en barro sin ninguna explicación.

Lo comunican al cura: «Eso es cosa del demonio». Para que no ocurra más, dan limosna a San Antonio.

La gente daba limosnas y no había soluciones; ocurría ese misterio a unos cuantos jamones.

Se olvidan de San Antonio y empiezan a pensar: un jamón hecho de barro, ¿dónde se puede secar?

Son misterios que perduran, que cuentan en el pueblo: comían jamón los del tejar y nunca mataban cerdo.

Al final se supo el truco de aquellos "santos" varones: moldeaban piezas de barro con forma de diez jamones.

Cambiaban carne por greda con gran disimulación, y mientras el dueño rezaba, ellos daban cuenta del jamón.

La Semilla del Destino


 La Semilla del Destino

Un niño muy curioso le pregunta a su madre: «¿Cómo me fabricaron? ¿Qué fue lo que puso padre?»

—Lo tuyo es de esos casos que son una maravilla; estás en este mundo por culpa de una semilla.

Esa la puso tu padre, la regó con esmero; allí crecía y crecía en un simple macetero.

La protegía del frío, la libraba del calor, cuidaba su temperatura y le hablaba con amor.

Con el abono perfecto ella crecía con gana; así logró tener... ¡Su planta de marihuana!

Nos dimos varios chutes sin tener que pensar; se hacen cosas muy raras, no da por trabajar.

No recuerdo cómo fue, el cerebro se nublaba; los recuerdos son confusos... tu padre me desnudaba.

Con él yo hacía lo mismo, una cosa muy sencilla: ¡que tú estés en este mundo fue culpa de esa semilla!

La pensión de mi casa


 

La pensión de mi casa

En la tercera edad, una de las preocupaciones es el estar siempre pendiente de cuánto suben las pensiones.

Cuando el hombre va a conversar, siempre sale a relucir que es muy poco lo que cobra: «¿Cuándo las van a subir?».

Las mujeres dicen también que pasan grandes aprietos; si fueran algo más altas, darían más a los nietos.

El Gobierno no hace caso, y lo que es aún peor: restringieron las ayudas para ir a Benidorm.

Se comenta en los centros que eso es una «putada»; quieren manifestarse con una cacerolada.

Escuché a dos mujeres con diversas opiniones: a una no le importaba que subieran las pensiones.

La otra no comprendía esa extraña respuesta; le preguntó el porqué, y si es que no le afecta.

«La cosa es muy sencilla, y no lo digo de guasa: no uso pensión ni hotel, hago el amor en mi casa».

La herramienta destemplada


 

La herramienta destemplada

Hace años en los pueblos no había oficios finos: herrero, cantinero, labrador y capador de gorrinos.

El capador destacaba porque solía asustar; era el más respetado, pues sabía bien capar.

Su mujer estaba hermosa, hacía maravillas; las cotillas decían que comía las criadillas.

El herrero estaba fuerte, hasta muy obsesionado; como la ingeniería, por darle un buen bocado.

Pidió a la bruja del pueblo que sobre ella hiciera un hechizo; esta, que era una vieja cotilla, rápido fue y se lo hizo.

La mujer del capador se presentó muy contenta; pidió al macizo herrero que le enseñara la herramienta.

Ante aquella maravilla, que era de acero forjado, la metió tanto en el horno que la dejó destemplada.

Al enterarse la bruja de cosa tan superior, pidió, para no chivarse, que ella necesitaba amor.

—Ya tienes casi cien años, estás vieja y arrugada; sabes que mi herramienta se quedó muy destemplada.

—Apáñate como puedas, piensa en lo peor: te quedarás sin pelotas si me chivo al capador.



El soltero y la agencia


 

El soltero y la agencia

Acercarse a una mujer al pobre se le da mal; por eso tiene que usar agencia matrimonial.

Es el último recurso, no quiere quedar soltero; la vejez es muy triste, llegar solo le da miedo.

Las condiciones que pide: que no sea divorciada, que sea muy sumisa, cariñosa y recatada.

Comprobando historiales, más de cien examinadas; entre ellas salen tres, que son las más adecuadas.

De las tres escoge una, es la que tiene más busto; concuerda con sus ideas, con ella se encuentra a gusto.

Se casan sin preliminares, él tenía mucha gana; le deja alucinado lo que le hace en la cama.

Ocurrió algo anormal, quizás un malentendido; reclama a la agencia: «Ese no era mi pedido».

—Esto es una agencia formal y no engañamos en nada; hay tres clases de mujeres: sin catar, catadas y recatadas.

Compruebe el currículum de la mujer seleccionada: trabajadora incansable, era la más recatada..

Ligar por Internet


 

Ligar por Internet

Ahora que está tan de moda esto de ligar por red, te sientas muy relajado y ves cien chicas a la vez.

Son todas unas monadas, sus medidas no detectas; se pueden hacer retoques y todas salen perfectas.

Al decidirte por una dejas las otras a un lado, pero cuando la conoces no es lo que habías imaginado.

Y no la puedes culpar siendo tú igual de embustero: tu foto tiene veinte años y ahora estás como un oso.

—Me pareciste un modelo, tienes tripa cervecera; con la foto que mandaste así engañas a cualquiera.

—A mí me pasó lo mismo, tú tampoco me impresionas; te pareces a mi exmujer y yo las busco más monas.

Tomaremos una copa, regresaremos a casa, ya quedaremos con otros y veremos lo que pasa.

Todo se puede trucar: juventud y apariencia; de cien una sale bien si se toma con paciencia.

Es bueno para los tímidos y también para indecisos, para conocer a extraños sin llegar a compromisos.

Pero en los tiempos pasados se ligaba de boquilla; no pensábamos conquistar sentados en una silla.

La Religión del Agua Fría

 


 La Religión del Agua Fría

Cuéntame cómo te va en tu nueva religión, esa que fundan mujeres y dicen que mola un montón.

—Me hicieron unas pruebas para poderme aceptar, pero fallé en la última, no la logré superar.

—Cuéntame en qué fallaste, por si me animo a probar; así me voy entrenando y la podré completar.

—Exigen gran sacrificio en comida y en bebida, no usan agua caliente, ¡la ducha siempre está fría!

Es una prueba tan dura que te rechinan los dientes: te duchas siempre en pareja con mujeres diferentes.

Es por la ley de castidad, aunque esté buena la tía: como no hay agua caliente, la cosa queda encogida.

Se decide por sorteo, y a mí me tocó el bombón: la moza más estupenda de toda la congregación.

Daba jabón a sus pechos, ella a mí... "Salchichón"; se puso algo nerviosa y se le cayó el jabón.

Al ver aquel panorama ya no me pude aguantar: apunté directo al blanco, bien dispuesto a rematar.

Ella no esperaba aquello y se quedó sorprendida; no completé la faena por culpa del agua fría.

—¿Me dices que te largaron por rozarla un poquito? Ella podrá confesar que no hubo ningún delito.

Me echaron por pecador, por no ser un tipo frío, pero al salir por la puerta ¡me llevé el mejor envío!

No me importan ya sus normas, solo gozo el presente: ahora se ducha en mi casa... ¡Y usamos agua caliente!


Puntería y mala fortuna


 

Puntería y mala fortuna

Estaba tirando piedras, tuve la mala fortuna. A una vecina cascarrabias, casi le casco con una.

—Eres un rapaz travieso, siempre andas enredando. En vez de tirar piedras debías estar trabajando.

—Ya terminé las faenas, que tenía para el día. Ahora estoy entrenando, afinando puntería.

—Más le valdría a tus padres, que estuvieras encerrado, en el monte todo el día y cuidando del ganado.

Tengo que hablar con ellos, que te quiten el tirachinas. Eres el diablo del pueblo, andas matando gallinas.

Esa vieja cotorra, no dejaba de farfullar. No pensaba que era un niño, que tenía que jugar.

—¿Tu padre dónde está? Que con él quiero hablar. A ver si por esta vez, te llegan a castigar.

—Ahora en casa no está, no lo puedo localizar. Llevaba un cacho periódico, iría al campo a cagar.

—Eres un maleducado, encima me estás mintiendo. Cómo puedes saber tú, lo que tu padre está haciendo.

—No hay que ser adivino, es fácil de comprender. Lleva una hoja con letras, y él no se pone a leer.

En esto hay mucha verdad, no son puras fantasías. Eran escenas diarias, que ocurrían en mis días.

La Conferencia Inevitable


 

La Conferència Inevitable

Le para el guardia de tráfico, le obliga a realizar el test de la alcoholemia... no puede continuar.

—Se pasa usted de la raya, ¿qué pretendía hacer a una hora tan extraña, a punto de amanecer?

—Quería llegar a casa antes que salga el sol; me espera una conferencia sobre el daño del alcohol.

Me hablarán de la bebida, de sus causas y efectos, de cómo arruina la vida con sus graves desperfectos.

Que mina la economía, que altera todo el organismo, que cuando bebo en exceso no parezco ni yo mismo.

Que rompe los matrimonios, que me ponga ya a pensar... que si no cambio de vida, esto me puede pasar.

Me explicará los peligros, me hablará de la sensatez, y repasará mis fallos uno a uno, otra vez.

—¡Eso es una gran mentira! Le escuché con paciencia, pero ¿quién a estas horas le dicta esa conferencia?

—Nada importa la hora, es muy fácil de entender: en cuanto cruce la puerta... ¡Me la suelta mi mujer!

El Milagro del Jabalí


 

El Milagro del Jabalí

Dos octogenarios charlan, entre dichas y amarguras, recordando tiempos buenos y también las etapas duras.

En medio de la partida, sin ninguna mala intención, comienzan a presumir y se salen del guion.

Viudos se encuentran ambos, con ganas de conquista, y repasan los amores de la última en su lista.

—Mi vida amorosa ahora es salir con una viuda; tiene sesenta y cinco y una figura que ayuda.

—¡La mía tiene treinta y cinco! Y está de mí, enamorada. Como quería tener un niño... la he dejado embarazada.

—A veces ocurren milagros, como ese que te pasa a ti; créeme que te comprendo, pues una vez me ocurrió a mí.

Estaba yo por el campo, con la garrota en la mano, le "disparé" a un jabalí y dejé muerto al marrano.

—¡Eso no puedo creerlo! ¿Matar así a un jabalí? ¡Seguro disparó otro y el mérito fue para ti!

—Fue algo inexplicable, ni lo creía yo mismo... y es posible, buen amigo, que a ti te pase lo mismo.

Que el milagro es de otro "rifle", de eso no tengo duda, pues a un palo de madera... ¡Nadie le pide ayuda!

Memoria de una infanci


 

Memoria de una infancia

Un día en mi niñez, la época que viví. Intentando recordarlo, más o menos era así:

—¡Levántate, perezoso, tienes sopa en la cazuela! Lávate un poco la cara y marcha para la escuela.

Cuidado con los zapatos, en la calle hay mucho barro. No vayas pisando charcos, procura no venir guarro.

Nunca olvidaba los libros, pues solo tenía uno. Cargando con la pizarra, no hacía falta ninguno.

En la escuela, un revuelto, todas pobres criaturas. Con muy pocas atenciones y ninguna asignatura.

El recreo en plena calle, a tomar un poco el sol, incluida la canción de cantar el Cara al Sol.

Nada de ayuda de abuelos, eran casi analfabetos; tenían que trabajar con un ejército de nietos.

Pocos eran los deberes, pero sí muchos recados: coger nabos en el huerto o segar hierba en el prado.

A veces ir con las vacas, otras con las ovejas. Ayudar a los padres... esos no admitían quejas.

Hoy sería esclavitud, entonces era trabajo. Pero uno era muy feliz cenando sopas de ajo.

Las sopas de la tía Antonia


 

Las sopas de la tía Antonia

Encontré a la tía Antonia en una piedra sentada, con lágrimas en los ojos, llorando desconsolada.

Le pregunté por qué lloraba y dijo muy afligida: —Tropecé, caí al suelo y se vertió la comida.

Le llevaba a mi marido unas sopas muy calientes, con pan, un poco de aceite y un toque de pimentón.

—Mujer, regresa a la casa y prepara otra comida; un descuido le ocurre a cualquiera, aquí no se acaba la vida.

—Eso que tú me aconsejas, yo no lo puedo hacer; en casa no queda nada y yo estoy aun sin comer.

—El caldo ya se ha vertido, pero el pan se ha salvado; si le llevas un poco de vino, lo tienes solucionado.

—No se me había ocurrido una cosa tan sencilla; a él las sopas de vino le sientan de maravilla.

Comió las sopas de vino, siguió arando contento, y ella regresó a su casa tirando pedos al viento.

Así termina el desastre, con vino y mucha alegría, que un estómago con gases da música a todo el día.



Cuestión de Posiciones


 

Cuestión de Posiciones

—Decídete de una vez, que ya deseo saber cuándo estarás dispuesta, y así podremos proceder.

—A mí no me metas prisas, templa tus emociones; hay que enterarse bien leyendo las instrucciones.

—Si es una tarea fácil, y además, mola un montón; solo es echarle tiempo y buscar la colocación.

—Tú lo ves muy facilón porque así lo imaginas; sabes bien cómo comienza, pero no cómo terminas.

—Para eso estás tú conmigo, que mis males remedias; seguro que lo concluyes, aunque yo lo deje a medias.

—No seas un impaciente, de momento te recuerdo: hay algo más importante, ya llegará nuestro acuerdo.

—Fíjate en los vecinos, en su hogar clausurados, lo intentan cada día y siguen derrotados.

—Esos no ponen pasión, les falta todo el cariño; no tienen idea de nada... ¡Ni de fabricar un niño!

—Te garantizo, mi vida, que si pongo mi interés, este puzle de mil piezas ¡lo acabamos en un mes!

La cruda verdad del indiano


 

La cruda verdad del indiano

Pudo con él la morriña, a su pueblo regresó; quería ser enterrado donde un día nació.

Comentaban en la plaza que emigró de los primeros, que hizo fortuna en América y traía mucho dinero.

Rápido lo hacen alcalde, su entorno es una locura: todos quieren ser amigos, sobre todo el señor cura.

Al no tener herederos, el interés se comprende; pero llega la enfermedad y entonces nadie le atiende.

Solo una viuda pobre lo cuida sin falsedad; con cuatro hijos pequeños, lo hace por necesidad.

Cuatro años de atenciones, cuatro años de locura; él le da cuanto posee... ¡Y que no se entere el cura!

Al dar la extremaunción, el cura exige primero: «Para limpiar tus pecados, tienes que donar dinero».

—Me lo gasté todo en putas, tenía el pito muy duro; no queda ni para el entierro, no me queda un puto duro.

—Ahora vienes por la plata, poco te has preocupado; reparte mejor tus hostias y apunta para otro lado.

Al celebrar el entierro, el cura dijo ese día: «Hay alguien que, sin jugar, ganó hoy la lotería».

Se marchó seco el bolsillo de aquel cura tan avaro, que por buscar el tesoro le salió el entierro caro.

Anécdota muy antigua, pasó en la realidad; no es una invención mía, es la más cruda verdad.


Misa del Gallo (y de la otra)


 Misa del Gallo (y de la otra)

Asiste una vez a misa, que este año no has cumplido; si rezas de vez en cuando, serás un mejor marido.

Aprovecha bien la noche para limpiar tus pecados; es la Misa del Gallo y todos son perdonados.

Él no quiere discutir, ya la ayuda a recoger; se va a la Misa del Gallo por complacer a su mujer.

Llegaron tarde a la casa, a las dos de la mañana; su mujer muy satisfecha, él, enfadado en la cama.

No le sale ni palabra, ella se queda perpleja; esperaba el chocolate, ni protesta ni se queja.

No ocurre lo que esperaba ni lo que llegó a pensar; en cuanto tocó la cama, el tío empezó a roncar.

Él se levanta muy tarde, ella se dio mucha prisa; lo primero que pregunta: —¿Qué tal te fue por la misa?

—El cura nos predicó que, aunque parezca mentira, cargamos con una cruz en esta mísera vida.

Yo venía tan contenta, con ganas de estar despierta, pero no me hiciste caso... ¡Como si estuviera muerta!

—Estás algo desfasada y un poco mal de la olla; no quiero Misa del Gallo, ¡quiero misa de la polla!

Solo pasa en los casados y debemos soportarla, y llevarla con alegría, echándosela a la espalda.

Así que, amigos casados, no os amarguéis la existencia: si ella pide "sacramento", ¡tened mucha paciencia!

El Empleado y el Aumento


 

El Empleado y el Aumento

Lleva doce años en la empresa, no le han subido ni un duro; solo con el sueldo base, le espera un negro futuro.

La novia está hasta el moño, no para de protestar: —Con ese mísero sueldo, no nos podemos casar.

—Tienes toda la razón, pero tengo que aguantar; busco otro curro deprisa y es difícil de encontrar.

—Eres un indeciso, nunca encuentras el momento; échale un par de pelotas y pide ya ese aumento.

Al poco lo solicita y recibe esta respuesta: —Llevamos diez años de crisis, no sé si saldremos de esta.

Es una etapa trágica, espera a otra ocasión; a que pase la tormenta y arranque la exportación.

La novia ya le ha dejado, soltero está en el presente; se apaña con lo que gana y vive tan ricamente.

Cuando habla con el jefe, le suelta sus sermones: «Esta es la mejor empresa, pues evita que los empleados... cometan equivocaciones».

El Superroñoso


El Superroñoso

Es un tipo superroñoso, jamás rompe su regla: aquello que se estropea, ni lo compra ni lo arregla.

Se rompe el calentador y le dice a la María: «Si no hay agua caliente, ¡dúchate con agua fría!».

«Si no hay una lavadora, irás como un marrano». —No me toques las narices, que puedes lavar a mano.

Todo lo que se le rompe le importa a él un huevo, y se escapa siempre hablando: «Eso te lo arreglo luego».

Se le quema hasta el timbre y no lo piensa cambiar: «Como yo ya tengo llave, nadie me vendrá a llamar».

Un día olvida la llave y «se jodió la marrana», tiene que buscar la forma de entrar por la ventana.

Se lleva la gran sorpresa, aunque es por la mañana: su mujer con el vecino ¡dándole caña en la cama!

—Ya me explicarás, mujer, lo que aquí está pasando. —¡Se rompió mi cerradura y él me la está arreglando!

—Y no pongas esa cara, ni me vengas con sermones, ¡que este sí que mete mano y no pone condiciones!

Historias de retrovisor



Historias de retrovisor

Con dos años de taxista, aquello era un confesionario. Escuchando mil historias que contaban a diario.

C Si el trayecto era largo, me narraban media vida; presumían de su esposa, presumían de querida.

La mujer también se queja si no está muy satisfecha: "que su marido es un cardo", "que no da ni una a derechas".

La política no falta, es el plato preferido. Lo mejor era callarse o cambiarse de partido.

Sube la que va para misa, que habla siempre de oración, mientras el de atrás maldice la mala circulación.

Sube una en minifalda y se pone allí a llorar; dice que la dejó el novio... la intentas tú consolar.

A otro le dejó la novia y la trata de olvidar; se marcha de "pajarracas" que le puedan consolar.

Seres tan diferentes con tanta información... y por buscar la propina, a todos das la razón.

Hay miles de historias que merecen ser contadas; unas tristes, otras alegres, otras simples chorradas.

Un oficio que recuerdo, da mucho para escribir; no fue el que más me gustó... ¡no soy fan de conducir!

El Diablo lleva sotana


 

El Diablo lleva sotana

Antaño, si una soltera resultaba embarazada, se inventaba una historia para no ser criticada.

El demonio era el culpable, el recurso socorrido, al no conocerse el novio ni tener ella marido

Al preguntarle a la moza, responde muy convencida: «Es obra de Satanás, por él he sido poseída».

«Como sabéis, el Demonio se transforma y se hace dueño de aquello que le apetece... ¡Me preñó durante un sueño!».

Le preguntaron al cura si la historia era verdadera: «El Diablo pudo tentarla, le sucede a cualquiera».

«Su cuerpo es vulnerable y está expuesto al pecado; al no tener antivirus, el Mal lo ha aprovechado».

Es el método que emplea para engendrar sus chiquillos; por eso, cuando son niños, muchos son unos diablillos.

Ella se hizo más devota, ahí se acabó el entuerto: ese ser desconocido fue quien «cargó con el muerto».

Pero surgen las sospechas de tan extraña aventura: hay quien dice por lo bajo... ¡Que el Diablo era el propio cura!

El romance de la novia y el burro


 

El romance de la novia y el burro

Me sorprende una noticia, que me parece de churro: ¡que una mujer, por amor, se ha casado con un burro!

Anuncian muy a menudo que pueden apadrinarse, pero es una gran sorpresa que ahora puedan casarse.

En esta historia de amores hay cosas que no me cuadran: ¿se acostarán en la cama o dormirán en la cuadra?

Otro de los pormenores que no está muy definido: ¿comerá ella la hierba? ¿Él se comerá el cocido?

En lo que no habrá disputa a la hora de montar: ella se subirá encima, él se tendrá que aguantar.

Pero que tenga cuidado con esas zonas tan tiernas; que se ponga un protector y que se abra bien de piernas.

Ella lo pasará bien, él terminará trotando, babeando por el esfuerzo y con el rabo colgando.

En este mundo moderno en que todo va cambiando, comeremos solo alfalfa y el burro saldrá volando.

Como no estamos contentos con seres que son normales, buscamos cualquier estreno... ¡Juntarnos con animales!

Esto no me lo inventé, lo acabo de leer; me lavé bien los ojos, ¡y no lo alcanzo a creer!

La cantera abandonada


 

La cantera abandonada

Una chavala del pueblo por tres pesetas se amaba; incluido en el servicio, el pecho te festejaba.

Parece ahora miseria, pero entonces fue fortuna. Las conseguí yo ahorrando, las perras de una en una.

Al reunir tal tesoro, me sentí muy emocionado: podía probar al fin lo que nunca había catado.

Buscaba un sitio discreto con cama bien preparada, pero nos pudo valer la cantera abandonada.

Allané bien el espacio, preparé aquel rincón; una cama hecha de hierbas, lejos de cualquier mirón.

Todo estaba ya dispuesto para empezar la función, pero al ponerse ella ansiosa, soltó una gran exclamación:

—¡Me dijiste venir solo, que el sitio estaba a la mano! ¡Pero si no estamos solos, esto es un circo romano!

La chica salió corriendo y yo quedé petrificado: no sabía qué pasaba ni cómo se habían enterado.

Se lo conté a un "buen" amigo, y ahí radicó mi pena; él se lo contó a los otros y se nos armó la cadena.

Perdí mis tres pesetas sin concluir la aventura; con burlas de los mirones y, encima, con calentura.

La madre que nos parió


 

La madre que nos parió

Demasiadas elecciones, ya estamos saturados; esto parece una verbena y andamos todos cabreados.

Era la gran panacea para una vida mejor, pero esto no se arregla y cada día está peor.

Se respetaba el resultado, había humilde aceptación; esperabas resignado a la próxima elección.

Bueno es participar, lo tenemos en la mente, pero al que no le gusta, se declara independiente.

Uno le dice al otro: «No tengo necesidad, me las arreglaré solo pues quiero la libertad».

«No puedes mandar en mí, agotaste mi paciencia, has abusado de mi fe, reclamo la independencia».

Y las familias se rompen al no llegar a un acuerdo, sin saber quién es el loco, ni saber quién es el cuerdo.

«Para nada te necesito, solo me puedo arreglar; llamarán a mi puerta y todos querrán entrar».

Y con tantos a mandar, mandas tú y mando yo... ¡No nos va a reconocer ni la madre que nos parió!

El Campanario y el Burro


 

 El Campanario y el Burro

En Todos los Santos era, en el pueblo, una costumbre: tocar de noche campanas y hacer una buena lumbre.

Allí se asaban castañas, también bebíamos vino, algún chorizo después y un poco de buen tocino.

Era tarea de mozos, nos íbamos relevando, así podíamos estar toda la noche tocando.

Pero éramos muy pocos para cumplir con el curro. A uno se le ocurre decir: «¡Esto es tarea de un burro!».

La idea nos pareció un plan extraordinario; lo más difícil sería subirlo hasta el campanario.

Con unos litros de vino, uno aceptó la tarea: fue a buscar al animal y subió por la escalera.

Ya puesto en el campanario, la cosa era complicada: ¿cómo atarle los badajos para que el burro tocara?

Unos decían: «en las patas», otros: «mejor en el rabo», otros que en la cabeza, o bien atarlos al nabo.

Probamos en esos sitios, ninguno dio resultado; el burro no se movía, se quedaba allí parado.

Nos paramos a pensar y se ilumina una mente: «Seguro se mueve el burro con una burra delante».

Corriendo a por la burra fue aquel «iluminado»; la situaron enfrente y eso sí dio resultado.

Atado un badajo a cada uno, ¡la que armamos, madre mía! Tocaron toda la noche la novena sinfonía.

Los difuntos despertaron, no podían descansar; salieron de sus tumbas y se pusieron a bailar.

Eso duró pocos años, hoy el pueblo está casi muerto; ya no doblan las campanas ni resucitan los muertos.

El cura y el mundo moderno


 

El cura y el mundo moderno

Paseando por un parque, un cura desorientado ve cosas que están haciendo que antes eran pecado.

Jóvenes en un banco, besándose sin parar, a plena luz del día... no sabe ni qué pensar.

A cualquier sitio que mire, escenas de amor a tope, nadie pierde ya el tiempo y todos se dan el lote.

Una pareja de abuelos dándose unos achuchones y, cuando nadie los mira, unos leves apretones.

El hombre sigue adelante y sigue investigando: en este mundo moderno todo lo que está cambiando.

Llama mucho su atención una muy despelotada; lleva tan poquita cosa que casi no tapa nada.

Tan ligera va de ropa, casi se ve el "minino", se acerca a ella a decirle: —Hija, vas por mal camino.

No puedes salir así, eso provoca el pecar; tu alma irá al infierno y no te vas a salvar.

—Preocúpese de la suya, que yo salvaré la mía; ¡suélteme doscientos pavos y podrá salvarme el día!

El honor del apellido





 El honor del apellido

Al haber hecho la mili y por apellido contestar, el de Bobo era el mío, superfamoso en el lugar.

Me llaman por mi apellido una tarde al pasear; un recluta con su chica me la quiere presentar.

—Es una prima mía, y como ves, es muy bella. Tú eres Bobo y sin novia... ¿Quieres salir con ella?

Rápido dije que sí, no lo dudé ni un segundo. Parecía la conquista más fácil de todo el mundo.

En la primera cita ya empiezo a sospechar: me busca sitios oscuros y allí me quiere besar.

Estamos en los sesenta, yo sigo de militar; noto algo muy extraño, difícil de asimilar.

No quiere ir nunca al cine porque hay demasiada gente; prefiere irse para el campo, donde todo es diferente.

Estando ya entre los montes, tras de unos matorrales, me dice: —Aquí nadie ve, aliviemos nuestros males.

Me quedé como una estatua, no supe ni reaccionar. Aquel comportamiento lo tenía que investigar.

Ella no era su prima, de parentesco ni un gramo. Mi "amigo" estaba casado... ¡Y ella esperaba un reclamo!

Si me la llego a ligar, habría cambiado mi sino: me encasquetan a la criatura diciendo que es "sietemesino".

Mis amigos no me creen, me siguen tomando el pelo: —Haces honor al apellido, ¡si la tía es un caramelo!—

Pero al saber la verdad, fui por todos felicitado: —Tú seguirás siendo Bobo, ¡pero no eres un atontado!—

La Confusión del Inquilino


 

La Confusión del Inquilino

Yo estaba de patrona, llegaba tarde a dormir. Sin encender la luz, me podía confundir.

En el cuarto de al lado, dormía una chica mona. Yo estaba loco por ella: era la hija de la patrona.

Con todo tan oscuro, saqué esta conclusión: «Yo nunca cierro con llave, esta es mi habitación».

Me desnudo despacito con la luz bien apagada. Al meterme en la cama, noto que está ocupada.

¡Es la hija de los dueños! Está a mi disposición. Ni en sueños imaginé tocar a ese bombón.

Empecé tocando un poco, enseguida ella despierta. Gritando, pide socorro, pone a todo el mundo alerta.

Llegan corriendo los padres, armados con dos cuchillos. Ella histérica chillando, yo, solo en calzoncillos.

El padre está como loco, no atiende ya a razones. Lo que pretende es pillarme y cortarme los cojones.

La madre, más comprensiva, hace razonar al marido: «Mejor dejarlo marchar, que meternos en un lío».

Ante tal situación, opté por lo más sencillo. Cogí pronto la maleta y me fui en calzoncillos.

En un parque me vestí a las tres de la mañana. Me acosté sobre un banco, que me sirvió de cama.

No olvido en la vida confusión tan inocente: ¡pudo costarme un disgusto y ser capado de repente!

El Triste Arte de Morir


 

El Triste Arte de Morir

Sube el índice de vida de toda la población; analizando el motivo, esta es la conclusión:

Si a uno lo incineran, ese no quiere morir. ¡Si quemarse ya le duele, derretirse es un sufrir!

Si lo meten en un nicho, eso fastidia un montón; no hay aire acondicionado ni tienen calefacción.

Antes era "guapo" el muerto, lo enterraban en el suelo; toda la gente lloraba, ¡aquello sí que era un duelo!

No ponían esas flores de los chinos con alambre; ponían jamón y chorizo, para no pasar el hambre.

Unas velas por el día, por la noche lamparillas; por si acaso despertabas y no tenías cerillas.

Si moría la mujer, el hombre no se casaba: un día se iba de fiesta y el resto... ¡Se la lloraba!

La viuda lo recordaba toda de negro enlutada, y al visitar su tumba le echaba una buena meada.

Le decían a la viuda: "¿Por qué viene usted a mear?" "A ver si con el olor, lo logro resucitar".

Ahora es muy triste morir y se deja para otro día; quien no resulta creyente... ¡No sueña con otra vida!

Romance del forastero.


 

Romance del forastero.

Era una moza muy guapa, pero tenía un defecto: retenía mal los gases, no era el cuerpo tan perfecto.

Los mozos de aquel pueblo no la sacan a bailar, si la aprietan un poquito... se le pueden escapar.

En las fiestas de la zona se presentó un forastero, sacó a la moza al tablado, pues no sabía lo del pedo.

Ella acepta encantada y se le va aproximando; como la chica está buena, él la sigue apretando.

Para colmo de desdichas, trae la tripa algo hinchada: el día anterior al baile se pegó una buena fabada.

Bailan los dos en la orilla, ella va disimulando, suelta, vientos muy suaves que no se vayan notando.

El mozo se pone a mil, crecen los apretones, y a ella se le escapa un trueno con un millón de protones.

El baile se disolvió, la gente se fue a su casa, se quedaron ellos solos... ya sabemos lo que pasa.

Él creyó que era perfume de la marca Christian Dior, y la desnudó deprisa para así olerlo mejor.

Así empezó aquel romance de un modo tan inesperado; él confunde las fragancias, por eso ni se ha enterado.

Se casan y son felices, sus defectos ya no cuentan, se saben compaginar y los dos se complementan.

Vendedor de Miel a Domicilio.


 Vendí miel a domicilio, oficio desaparecido. Ahora, recordando aquello, fue la mar de divertido.

—Señora, compre esta miel, es miel de Guadalajara; una de flor de romero, otra de flor de la jara.

Así, de puerta en puerta, ofreciendo mercancía; dándoles miel a probar para endulzarles la vida.

—Señora, chupe despacio, saboree el contenido; esto la pondrá muy dulce cuando regrese el marido.

Se juntaban las vecinas, todas querían probar; como la prueba era gratis, todas querían chupar.

Alguna venta hacía allá de vez en cuando; ganaba poco dinero, solo para ir tirando.

La experiencia fue corta, no me comía dos roscas; pero andaba acompañado por unos miles de moscas.

Pero a alguna conocí que me llegó a insinuar que estaba muy amargada... si la podría endulzar.

La tentación era grande, y más en la soltería; para una vez que pequé, ¡me robaron la mercancía!

El negocio no era bueno, fue una experiencia nueva: la ganancia se perdía entre la cata y la prueba.