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martes, 27 de enero de 2026

La herramienta destemplada


 

La herramienta destemplada

Hace años en los pueblos no había oficios finos: herrero, cantinero, labrador y capador de gorrinos.

El capador destacaba porque solía asustar; era el más respetado, pues sabía bien capar.

Su mujer estaba hermosa, hacía maravillas; las cotillas decían que comía las criadillas.

El herrero estaba fuerte, hasta muy obsesionado; como la ingeniería, por darle un buen bocado.

Pidió a la bruja del pueblo que sobre ella hiciera un hechizo; esta, que era una vieja cotilla, rápido fue y se lo hizo.

La mujer del capador se presentó muy contenta; pidió al macizo herrero que le enseñara la herramienta.

Ante aquella maravilla, que era de acero forjado, la metió tanto en el horno que la dejó destemplada.

Al enterarse la bruja de cosa tan superior, pidió, para no chivarse, que ella necesitaba amor.

—Ya tienes casi cien años, estás vieja y arrugada; sabes que mi herramienta se quedó muy destemplada.

—Apáñate como puedas, piensa en lo peor: te quedarás sin pelotas si me chivo al capador.



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