La pensión de mi casa
En la tercera edad, una de las preocupaciones es el estar siempre pendiente de cuánto suben las pensiones.
Cuando el hombre va a conversar, siempre sale a relucir que es muy poco lo que cobra: «¿Cuándo las van a subir?».
Las mujeres dicen también que pasan grandes aprietos; si fueran algo más altas, darían más a los nietos.
El Gobierno no hace caso, y lo que es aún peor: restringieron las ayudas para ir a Benidorm.
Se comenta en los centros que eso es una «putada»; quieren manifestarse con una cacerolada.
Escuché a dos mujeres con diversas opiniones: a una no le importaba que subieran las pensiones.
La otra no comprendía esa extraña respuesta; le preguntó el porqué, y si es que no le afecta.
«La cosa es muy sencilla, y no lo digo de guasa: no uso pensión ni hotel, hago el amor en mi casa».

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