Objeto de colección
Un matrimonio mayor recuerda con ilusión, la vez que él le susurró: —Vas a ser mi perdición—.
En eso se equivocó, pues se amaron locamente. Hoy no pueden como antaño, eso lo tienen presente.
Sus mentes aún funcionan y a veces tienen la gana, se animan uno al otro y se marchan a la cama.
Pero no hay nada que hacer, aunque ella esté dicharachera; le hace mil filigranas y no encuentra la manera.
La noche se vuelve larga, el sueño ya se escapó; tienen tiempo para hablar de aquello que ya pasó.
—Me acuerdo que me decías: "Aun de lejos te veo; para mí, todo tu cuerpo es objeto de deseo".
Ahora no nos miramos, ni juntos ni separados; tú no quieres ver arrugas... ¡ni yo el "pinganillo" arrugado!
—Tu escopeta ya no sirve, no funcionas en la cama; para mí que solo eres un viejo cantamañanas.
En la vida todo pasa, hasta nos cambia el guion: ese "objeto de deseo" hoy es pieza de colección.
Se ríen de sus miserias, se abrazan con devoción; que si falla la herramienta, sobra con el corazón.

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