El Misterio de los Jamones
En tiempos creía la gente en brujas y maldiciones; ocurrió un caso extraño que afectó a los jamones.
Normalmente en las casas se hacía una excepción: para la época de la siega se reservaba un jamón.
Se envolvía en papeles, con un saco tapado; se ponía en un sitio oscuro, en un lugar reservado.
Las casas no se cerraban, allí no había ladrones; todos mataban cerdos, nadie robaba jamones.
Pero salta la alarma al destapar un jamón: se convirtió en barro sin ninguna explicación.
Lo comunican al cura: «Eso es cosa del demonio». Para que no ocurra más, dan limosna a San Antonio.
La gente daba limosnas y no había soluciones; ocurría ese misterio a unos cuantos jamones.
Se olvidan de San Antonio y empiezan a pensar: un jamón hecho de barro, ¿dónde se puede secar?
Son misterios que perduran, que cuentan en el pueblo: comían jamón los del tejar y nunca mataban cerdo.
Al final se supo el truco de aquellos "santos" varones: moldeaban piezas de barro con forma de diez jamones.
Cambiaban carne por greda con gran disimulación, y mientras el dueño rezaba, ellos daban cuenta del jamón.

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