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lunes, 26 de enero de 2026

Los Chorizos de la Tía María

 


Los Chorizos de la Tía Marí
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La buena de la tía María, que era una vecina mía, me enseñó los chorizos que en una orza tenía.

Sumergidos en manteca para mantenerlos tiernos, eran joyas del verano sin tocarse en el invierno.

Casada con el tío Juan, como no tenían hijos, se daban el gran lujo de guardar esos chorizos.

Yo soñaba con la orza, no dejaba de pensar: ¿qué método usaría para poderlos trincar?

Estudié bien el terreno muy temprano una mañana, y descubrí que se entraba por una vieja ventana.

Fui dando cuenta de ellos y, para ir disimulando, puse nabos en el fondo mientras me los iba almorzando.

Terminé con la matanza, ¡qué chorizos tan bravos!, que por arte de magia se convirtieron en nabos.

Dijo el cura en un sermón: "Hijos, no debéis pecar, que se ensucia la conciencia y la carne se echa a mal".

Pensó entonces la María, repasando sus pecados: "¡Con razón mis chorizos se han vuelto puros nabos!".

La receta del desánimo


La receta del desánimo

A los de la tercera edad, parece que nos sobran, hay un plan muy siniestro en los planes que se cobran.

Si lo piensan un poco, verán que no es mentira: es una dosis diaria que nos acorta la vida.

Si quieres estar al día y te quieres enterar, te sientas a tomar café... y política al desayunar.

Luego llega la tertulia con tipos enfrentados; no sacas nada en limpio y terminas cabreado.

A la hora de la comida, al encender la televisión: crímenes, robos y estafas, ¡vaya buena ración!

Con el cuerpo ya revuelto, te pones a merendar porciones de un cotilleo que no puedes aguantar.

Es un popurrí variado, sin ninguna novedad, lleno de seres extraños ajenos a nuestra edad.

Cena: política repetida, ni una noticia es buena, así, al irte a la cama, no te sienta bien la cena.

Queremos estar al día, pero vamos retrasados; perdimos ya la sonrisa y vivimos amargados.

Un día por una cosa, otro por el montón... buscan liquidarnos, de un ataque al corazón.

Galán de los Sesenta


 Con sesenta años cumplidos, se acaba de enamorar, y requiere unos retoques para no desentonar.

La muchacha es muy bonita, está buena que revienta; lo cual no es nada extraño: no ha cumplido los treinta.

Se entrega a la cirugía, alguna arruga se quita, y ahora busca adelgazar para bajarse la tripa.

Se apunta pronto al gimnasio, quiere hacer hasta yoga, y renueva el vestuario para ir siempre a la moda.

Con un injerto de pelo y hacerse la manicura, parece un adolescente... ¡una auténtica locura!

Cuando pasea con ella se siente un privilegiado, y al verle sus conocidos lo miran con un cuidado.

—Cariño, voy al gimnasio, ¿tú me podrías ayudar? Dime qué tipo de máquina debería yo utilizar.

—No me importa el aparato, sea negro o sea blanco; para tenerme a tu lado... ¡usa el cajero del banco!

El Aventurero del Monasterio


 

El Aventurero del Monasterio

Es ladrón y aventurero, le gustan las mujeres; estas le quieren mucho, hace muy bien los deberes.

Por esta causa le pillan en cama con una dama; tiene que salir corriendo, escapa por la ventana.

La dama es de alta alcurnia, esposa de un diputado. Él ordena su captura y que sea ejecutado.

No sabe dónde esconderse ante tal situación; un monasterio de monjas encuentra la solución.

Se encarama por el muro, de allí salta hacia el huerto; hay dos monjas limpiando, rápido es descubierto.

¿Qué explicación puede dar al encontrarse desnudo? Se hace el gilipollas, el bobo y sordomudo.

Deciden aprovecharlo, se lo llevan a una choza; una queda vigilando, la otra con él goza.

Creen que el hombre no habla, no le piden opinión; deciden compartirlo toda la congregación.

Él resiste lo que puede, ya le oprime la presión; un día se queda tieso de un ataque al corazón.

Todo son rezos y lloros dirigidos al Señor: ¡Que les envíe otro regalo de calidad superior!


ZUMO Y SAL


Resultado de imagen de antiguas mujeres vendimiadoras de la mancha


Allá por los cincuenta
me hicieron unas putadas,
De esas “simpáticas”
 Que nunca son olvidadas.

Un día en la vendimia,
seis muchachas avanzadas,
Me pillaron como incauto,
y pague la novatada.

Me tumbaron boca arriba,
encima de unos serones,
Me dejaron en pelotas,
esconden mis pantalones.

Unas sujetan mis brazos,
otras sujetan las piernas,
Las otras dos se dedican,
a untarme las zonas tiernas.

Cogieron unos racimos,
 bien que los estrujaron,
Me rebozaron de zumo,
 encima los restregaron.

Después fueron por sal,
 yo allí crucificado,
Los huevos y el chorizo,
los pusieron bien salados.

Un chaval con trece años,
en un territorio hostil,
Llorando desamparado,
no sabía ni que decir.

Allí estaban sus padres, 
me devolvieron la ropa 
Hasta que no me lave,
estuve como una sopa.

Entre risas se lo pasan,
diciendo no pasa nada,
Los chicos el primer día
sufren esta novatada.

No estoy seguro de ello,
allí yo era un emigrante,
Todos me dieron por culo,
por detrás y por delante















































































































Soñar con Imposibles.


 Cuarenta años cumplidos y aún sigues soltera; vas a quedarte muy sola en la vida que te espera.

—No tengo ninguna prisa, he tenido oportunidades; espero al hombre perfecto con todas estas cualidades:

Sobre todo, que no fume, es el primer requisito; así durará más tiempo y morirá viejecito.

Lo segundo, que no beba, así evita la ocasión de que se agarre un buen pedo y se ponga tontorrón.

Lo tercero, que no mienta, que sea un tipo legal; que no se crea superior y me trate como a un igual.

Lo cuarto, que no discuta, que siempre hable despacito; que no se altere por nada y me llame "cariñito".

Que no me engañe con otra aunque tenga la ocasión; que me quiera con el alma y me entregue el corazón.

—Será mejor que despiertes, que te bajes de la higuera; un hombre así no se encuentra, te vas a quedar soltera.

Si esperas a alguien así, no lo vas a conseguir; hace millones de años que ese dejó de existir.


El Frasco de la Discordia


 El Frasco de la Discordia

—Doctor, tengo un problema, hoy diez años de casado; queremos tener un niño, ella no queda en estado.

No sabemos si es por mí, o el fallo es de mi mujer; vengo a que usted me informe qué es lo que tengo que hacer.

—Empezaremos por ti, tratemos de averiguarlo; llena este frasco de semen, tenemos que analizarlo.

El hombre llega a su casa y le dice a su María: —Tengo que llenar el frasco, me llevará varios días.

Se concentró en el trabajo, no obtiene resultado; llena las manos con callos y nada ha solucionado.

Está muy desesperado, ya no sabe qué hacer; con el orgullo por los suelos, pide ayuda a su mujer.

Solícita se presenta esbozando una sonrisa: —Verás cómo entre los dos lo conseguimos deprisa.

Prueban distintas posturas, dan palmadas en el culo; pero la cosa sigue igual: mucho esfuerzo y todo nulo.

Piden ayuda a la suegra, que tiene más experiencia; tras cuatro horas de intentos, todos pierden la paciencia.

Así pasan muchos días, con el grupo ya aburrido; se presenta ante el médico con el frasquito vacío.

—Si no me traes la muestra, no la puedo analizar; llévatelo otra vez, me lo tienes que llenar.

—¡Lo intenté con mi mujer! ¡Le pedí ayuda a mi suegra! ¡Pero el frasco no se abre... es una puñetera mierda!

El médico lo miraba esbozando una sonrisa: ¡Que le ayude la enferma¡terminara más deprisa!

La Princesa y el Sapo.



Una princesa en el bosque, pasea por un sendero, sueña con un príncipe, guapo joven casadero.

Pretendientes, a montones, de los cercanos condados. Todos feos sin modales, viejos y deteriorados.

Ella es una belleza, su tipo de muy buen ver, con muchas ganas de marcha, en edad de merecer.

Mira a su alrededor, en lo que su vista abarca, no hay nadie que la vea, se baña en una charca.

Con solo meter un pie, oye un grito desgarrado, lo levanta asustada, ve un sapo que ha pisado.

Lo recoge con cariño, lo mira toda flipada, puede ser el guapo príncipe, que le prometió su hada.

—En efecto, soy un príncipe, tardarás solo un momento, tócame y bésame mucho, y acaba el encantamiento.

—Olvidaré lo del príncipe, tengo que pensar primero. Si tengo un sapo que habla, ganaré mucho dinero.

Montó un circo en la plaza, con luces y con fanfarria, la princesa se hizo rica, la mujer más necesaria.

El sapo, un poco indignado, pedía siempre su beso, "¡Que te calles!", dijo ella, "¡que nos estamos forrando con eso!"

Ya no busca pretendientes, ni condes, ni herederos, prefiere viajar por el mundo, gastando buenos dineros.

El Marido Caracol.


 —¡Hola, mi querida amiga! Me acabo de enterar que va mal tu matrimonio y te quieres divorciar.

—Estás muy bien informada, lo mío no es un farol: el marido que me toca es igual que un caracol.

—Tus amigas te envidiamos, nos parece un gran bombón. ¿Dinos qué motivos tienes para esa comparación?

—Tarda en llegar a casa, y lo que pide primero es que, como tiene ganas, quiere hacerlo en el suelo.

Le digo: «Ven a la cama, estaré más relajada». Más dice que hay mucho pasillo y que está muy alejada.

Él nunca se despoja, lo hace siempre vestido; si se queda en pelotas, se siente como encogido.

Me tengo que desnudar, no me quita ni las bragas; lo hace todo tan lento... ¡Que me llena de sus babas!

No utiliza las manos, la lengua solo va usando; hasta llegar a besarme, lleva una hora chupando.

El acto dura un montón, termino deshidratada, chupada por todos lados y, además, supersobada.

Y los cuernos que le pongo, desde hace ya muchos años, al pobre le van saliendo de diferentes tamaños.

Sacrilegio Ortográfico


 

Sacrilegio Ortográfico

Tiene una sola hija, que ha sido muy deseada. En ella vuelca su amor y educación esmerada.

Va al colegio de monjas, pues quiere que sea cristiana; virgen hasta el matrimonio para el día de mañana.

Todo marcha sobre ruedas, la madre está muy orgullosa. Al terminar el colegio, empezó a cambiar la cosa.

Lo primero, pide un móvil; está algo desfasada. Desea tener amigos, vivió muy incomunicada.

La madre ya se mosquea, quiere saber lo que hace; para estar siempre al día, le espiaba los mensajes.

Llega lo que se temía a una muy temprana edad, cuando lee en un mensaje: "Perdí mi birginidad".

Se cae de culo al suelo, se agarra de una silla; de la enseñanza esmerada, poco aprendió la chiquilla.

Perder la virginidad... lo tenía casi asumido, pero escribirlo con "B", eso sí que le ha dolido.

El pecado no es la falta, que el mundo es así de cruel, pero es un insulto al alma clavarle un "B" al papel.

Falla el plan de la pureza, falla el sueño de la madre, pero el fallo de ortografía... ¡Ese no hay quien lo taladre!

El Cura Reconstituyente


 El Cura Reconstituyente

Saliendo de misa un día, escuché con sentimiento: «Este cura es un portento, aunque no se le comprenda, siempre rezuma contento».

Me limité a preguntar sobre aquel comentario: si era cosa del domingo o pasaba en el diario.

Y hay que reconocerle el mérito al buen señor: lleva catorce parroquias, ¡menudo trabajador!

Al tener que beber vino cada vez que oficia misa, debe andar muy alegre para darse tanta prisa.

Ya con edad avanzada y sin tener un suplente, utiliza el buen vino como reconstituyente.

Los caminos que recorre los tiene memorizados: conduce por esas rutas hasta con ojos cerrados.

Aunque no hable con fluidez, la gente se lo perdona; le echan la culpa al micro, dicen que no perfecciona.

Entré un día en sacristía, de esos que no dice misa: había cuatro botellas allí, sobre una repisa.

Semidulce de Oporto, una pura tentación... ¡Si yo bebiera ese vino, me atrevo con el sermón!

Esto no es pura ficción ni me lo estoy inventando: fue en el pueblo de mi mujer, donde estaba veraneando.

El ligue inesperado


 El ligue inesperado

Necesita el pobre un ligue que le alivie la jaqueca; el lugar más apropiado: buscarlo en la discoteca.

Chicas de todos colores en un estupendo ambiente; se fija en una rubia que tiene algo diferente.

La invita a un pelotazo, ella acepta encantada; el muchacho es estupendo y con muy buena fachada.

Tomados ya unos cuantos, él le susurra a la nena: —¿Podemos ir a tu casa y comenzar la faena?

—Ninguna pega por mi parte, estoy siempre dispuesta; además, no dormiré aunque eche una buena siesta.

—Me prepararé en el baño, pondré luz de verbena; quiero estar superguapa y, además, untarme crema.

Él ve sobre la mesilla una foto impresionante: es la de un tío moreno, vestido muy elegante.

—No me tomes por cotilla ni censures lo que miro, pero esa foto de frente... ¿Es tu novio o tu marido?

—De ninguno de los dos, esa es una foto mía; fue de antes de operarme... ¡De la cintura hacia arriba!

Así que date la vuelta y verás lo que es bueno; conocerás el amor en una noche sin freno.


C

El Aventurero y el Monasterio


 

El Aventurero y el Monasterio

Es ladrón y aventurero, le fascinan las mujeres; ellas mucho le quieren, pues cumple con sus deberes.

Por tal causa lo pillan en cama con una dama. Tiene que salir corriendo; escapa por la ventana.

La dama es de alta alcurnia, esposa de un diputado, quien ordena su captura para que sea ejecutado.

Sin saber dónde esconderse ante tal situación, en un convento de monjas encuentra la solución.

Se encarama por el muro, de allí salta hacia el huerto; por dos monjas que limpiaban, al punto fue descubierto.

¿Qué explicación daría al encontrarse desnudo? Se hace el "gilipollas", el bobo y el sordomudo.

Deciden aprovecharlo, lo llevan a una choza; una queda vigilando, mientras la otra con él goza.

Creyendo que nada entiende, no piden su opinión; deciden compartirlo toda la congregación.

Él resiste lo que puede, bajo tanta presión, hasta que un día queda tieso de un ataque al corazón.

Todo son rezos y llantos dirigidos al Señor: ¡Que les envíe otro regalo de calidad superior!

La Profesión de Papá


La Profesión de Papá

Es normal en el colegio que hablen de las madres, y pregunte el profesor: «¿En qué trabajan sus padres?».

Juanito levanta la mano, quiere ser el primero; que se entere toda la clase: ¡su papá es bombero!

Ahora le toca a Toni, que dice con alegría: «Mi padre atrapa a los malos, trabaja en la policía».

Al siguiente que le toca dice con mucha pasión: «Mi padre es mecánico, trabaja en aviación».

Cuando llega a Pepito, este dice con orgullo: «El mío es animador en un club, es maricón y un capullo».

El profe queda sin habla, recibió un golpe bajo; pero le pide que siga, que explique bien el trabajo.

«Allí trabaja en pelotas, también sirve licores; sí, le pagan muy bien, se dedica a hacer favores».

Esas respuestas directas dejan al profe alucinado; tiene mucho que explicarle, así que lo lleva a un apartado.

«¡Pepito! Estas cosas extrañas... hay que partir de una base: para que no te tomen manía, ¡jamás lo digas en clase!».

«Profe, si contara la verdad, para mí sería un infierno: mi padre tiene un gran cargo... ¡Trabaja en el gobierno!»

San Antonio de la Florida (Madrid)

 


San Antonio de la Florida.

Años 60

Lugar para buscar novia: la ermita de San Antonio. Allí todas las modistillas iban buscando un novio.

Allí me presenté yo, soñando ser escuchado. Le dije: "Trátame bien, que vengo recomendado".

Tropieza una chica al salir, por culpa de unos escalones. Se hizo daño en la rodilla: no usaba pantalones.

Ayudo a que se levante, le digo: "¿Te hiciste daño?". "Me fastidié la rodilla, no vi bien ese peldaño".

Se agarró de mi brazo, sin saber yo qué le pasa. Me pide, como un favor, que la acompañe a su casa.

Cuenta la historia a su madre, que está muy agradecida. Me hace pasar al salón y me ofrece una bebida.

Me confiesa que es vidente y que adivina el futuro. Quiere pagarme el favor: no me costará ni un duro.

"¡Sabes qué veo en tu mano! Eres un chico genial. Tú volverás con mi hija, eres el novio ideal".

"Mi hija se tropezó por una señal divina. Tú eres el escogido, eso pronto se adivina".

Salí pitando de allí, asustado y atontado. No sabía qué hacer, creí que estaba hechizado.

Se portó bien San Antonio, la chica estaba de vicio. Pero yo buscaba un ligue, no caer a un precipicio.

El chico de los recados


El chico de los recados

Cuando uno se jubila, se queda medio atontado; normalmente pasa a ser el chico de los recados.

Los de mi generación, pocos hay acostumbrados; no los hacemos muy bien, casi nunca son de su agrado.

Si te encarga unos yogures y el nombre no has apuntado, compras el que no le gusta o bien está caducado.

«Mira que estoy ocupada, tú me estás estorbando; ve a por una barra de pan, que no esté duro ni blando».

«De paso pasas al súper, así tardo más en verte; te entretienes un buen rato, compras un litro de aceite».

Y un paquete de leche... aquí te surge un problema: no te acuerdas de la marca, ni si es desnatada o con crema.

Un día te da una nota, difícil de descifrar, que pone: «ve a la china, allí lo puedes comprar».

Al cabo de una semana, recibes una llamada: «¡Dónde andas, gilipollas, que me tienes cabreada!».

«¡Dónde coño voy a estar! ¿Y me preguntas por qué tardo? ¡Estoy en la puta China y no encuentro el leopardo!».

«Cada día estás más tonto, tú lo blanco lo ves pardo; ¡te mandé al "todo a cien" a comprar un leotardo!».

El Descuento en "Pelotas"


 El Descuento en "Pelotas"

La mujer manda al marido, que se acerque a comprar, algo para que los niños se puedan entretener y jugar.

"Nos vamos de vacaciones y los niños tienen vicios; con el móvil y la consola no hacen nada de ejercicio".

"Aprovecha la ocasión, compra algo a los nenes; que hay cosas rebajadas en los grandes almacenes".

"No soy experto en compras, ¿cómo me puedo orientar?". "—Lee bien los carteles y sabrás lo que comprar".

Llega a los almacenes, ¡hay un lío de cojones! Busca la sección deportiva: comprará unos balones.

Cuando por fin la encuentra, no sabe por dónde pasar; hay un cartel que le indica que se tiene que desnudar.

Como lleva poca ropa, se la quita muy deprisa; hace con todo un paquete envuelto en su camisa.

Viene el de seguridad, pensando que es un chalado, y le pregunta el motivo por el cual se ha desnudado.

"—Ese cartel dice claro que hay un descuento atento: ¡en artículos de pelotas, está el cincuenta por ciento!"

La colada y la prisa


La colada y la prisa

—¡Cariño! Me hice la manicura, tengo que esperar una hora, así que te pido, por favor, que pongas la lavadora.

—Metes en ella la ropa, pero solo de colores, y le añades una pastilla de las que huelen a flores.

Ya terminó el lavado... —¿Ahora qué tengo que hacer? —La sacas en el barreño y la pones a tender.

Ponle bastantes pinzas, tenlo muy bien en cuenta, que aunque estemos en verano, puede haber una tormenta.

Yo me voy a cambiar, quiero llevar poca ropa; hace un día tan caluroso que me ha hecho una sopa.

Deberías hacer lo mismo, quitarte algunos trapillos, seguro sudas menos si andas en calzoncillos.

El cielo se pone oscuro, parece que va a llover, ella desnuda en el baño, él no sabe qué hacer.

Él mira al cielo nublado, luego la mira a ella, con tanta duda en el alma que se le nubla la estrella.

—¡Recoge toda la ropa! ¡No tardas ni un periquete! Tienes solo dos minutos, ¡date prisa y me la metes!

—¡Que no soy Superman! ¡Dos cosas no puedo hacer! ¡O te recojo la ropa, o te la voy a meter!

Sin Partida Presupuestaria


 Sin Partida Presupuestaria

Lugar: el ayuntamiento. Ve un bulto allí enrollado. Cuando al fin lo desenvuelve, es un niño abandonado.

Asustado y asombrado, con el niño entre sus brazos, pregunta si lo olvidaron mientras apura los pasos.

Se hacen los despistados, no le presta nadie atención. No le queda más remedio: ¡al Alcalde, una reunión!

—¡Señor! Hallé a este bebé, créame, no le miento. Si no aparecen sus padres... ¡Serán del Ayuntamiento!

—De aquí no puede ser hijo, somos de mil partidos. No hay dos que se hablen aquí, estamos muy divididos.

Hacemos cosas extrañas al cumplir con el deber, evitamos cualquier cosa que nos produzca placer.

Trabajamos para el pueblo, siempre de mal humor. Fastidiamos cuanto podemos, pero siempre sin amor.

Para llegar a acuerdos se debate meses y meses, pero no nace nada bueno que termine en nueve meses.

Aquí se hace y se deshace con desgana y con pereza, y al terminar el trabajo, no tiene pies ni cabeza.

Nos lavamos las manos en cuestión de criaturas; mejor llévelo a un convento o a un colegio de curas.

No busque aquí parentesco ni herencia de este lugar, que un político no engendra nada que deba cuidar.

El Hormigón y la Dama


 

El Hormigón y la Dama

Una hormiga demostró que nada es invulnerable, al colarse en el retiro de una dama inexpugnable.

Con su paso evidenció nuestras muchas vanidades: ¡qué difícil es cuidarlas donde existen humedades!

Esa pícara hormiga nos ha hecho una faena, sacándonos los colores ¡una verdadera pena!

Ahora todas las damas empiezan a desconfiar, pues no se fían del hombre que no sabe bien tapar.

Que somos unos chapuzas lo van a tener en cuenta: por terminar con las prisas y usar mal la herramienta.

Si esta vez fue una hormiga, en la próxima ocasión, de no tapar bien la grieta se colará un hormigón.

Y eso será peligroso, pues puede que de chiripa se contamine la dama y le crezca una gran tripa.

Perjudicados, los hombres, pondremos mayor cuidado: al tratar con una dama... ¡Dejadlo todo sellado!

No descuidéis la tarea ni lo dejéis a medias, que si el parche no es bueno vienen luego las tragedias.

Las Cuatro Viudas


Las Cuatro Viudas

En una tarde de otoño, mientras iba caminando, encontré a cuatro viudas que se hallaban rezando.

Me pareció algo insólito, una escena muy tierna: en la plaza de un pueblo, al pie de una cruz de piedra.

Quedé absorto mirando, quizás algo aturdido, y me atreví a preguntar: —¿Recuerdan a sus maridos?

—Como ve, vamos de luto, por las tardes nos juntamos; con unos cuantos rezos así nos desahogamos.

—Yo rezo porque era bueno, un hombre sensacional; desde que él se ha ido lo estoy pasando fatal.

—El mío era diferente, era un cínico y un chulo; rezo que esté en el infierno, ¡por mí, que le den por culo!

—Yo tengo otras plegarias, pues fue causa perdida: rezo que muera pronto la que tuvo por querida.

—Yo rezo por verme libre, el mío se emborrachaba y, cuando se ponía pedo, el muy cruel me apaleaba.

Son cuatro grandes mujeres, cristianas y muy creyentes; cada una eleva el rezo por causas muy diferentes.

Viudas, rezos y plaza, las contemplo cada día; lo que piden en sus rezos... ¡Eso es pura fantasía!

Me alejé de aquella plaza repasando lo escuchado; ¡quién diría que el rezo esconde tanto pecado!

El Reparto de Bienes.

El Reparto de Bienes.

A la hora del divorcio se discuten muchos temas, y al empezar el reparto surgen siempre los problemas.

Si el piso es de los dos, ese será el primero: lo más normal es vender y repartir el dinero.

¿De quién ha sido la culpa? Ese es el gran dilema. Habrá que ir al abogado a que resuelva el problema.

Hay otros muchos asuntos que pasaremos por alto, pero al llegar a los hijos... ¡ese sí que es un asalto!

Si solo tienen un niño y los dos son cabezones, por quererlo en exclusiva crecen las discusiones.

—Eres una mala madre, no le sabes ni cuidar. El niño es hijo mío y me lo quiero quedar.

—Eres un tonto del culo, gilipollas y un muermo; el niño no es hijo tuyo... ¡Porque te puse los cuernos!

—Yo estuve allí en el parto, no sabías ni abrazarle, y en sus primeras cacas tú me mandaste cambiarle.

—Y claro que lo cambié, ya sé que no soy su padre... pero como lo cambié por otro, ¡tú tampoco eres su madre!

Y así, entre tantos insultos, se aclaró por fin el drama: ¡vaya lío de familia, nos montamos en la cama!

El "Motor" del Octogenario

 

El "Motor" del Octogenario


Enviudó ya con los ochenta y quiso probar su suerte; se casó con una joven que estaba de buena muerte.

—¿A dónde vas, pobre viejo? ¿Te quieres pronto morir? Esa cuesta es muy empinada y no la vas a subir.

—Es envidia lo que tenéis, pues cada vez estoy mejor; esto me rejuvenece, tengo un potente motor.

Hasta pienso tener hijos, para que puedan saber, que la que antes fallaba era mi antigua mujer.

Al año llegó el primero, muy rollizo y muy sanote. Él presume ante sus amigos: —¡Ya veis que soy un machote!

Al año, otro nacimiento, y él sigue siempre diciendo: —La cuesta será empinada, ¡pero yo la voy subiendo!

Con el motor que yo tengo puedo llegar a los cien; es de los que hacían antes, como un Mercedes Benz.

—Sí, será bueno el motor, pero está muy descuidado; creemos que a esa máquina el aceite no has cambiado.

Si quieres tener más hijos debes revisar el motor... ¡Para que no salgan negros como la vez anterior!

El Infierno de España


 El Infierno de España

Al cielo no pudo entrar, le mandaron al infierno; hay tantas variedades que hay un lío allí tremendo.

Creía que solo había uno, pregunta en información: —Esto está muy dividido, depende la religión.

Visita varios de ellos, así se va enterando de cómo funciona cada uno y cuántos hay esperando.

En todos hay pocas almas, será por la baja campaña, pero queda sorprendido al descubrir el de España.

Allí pasa algo raro, hay millones para entrar; hay que echar solicitud y se pone a preguntar.

Funciona con energías, «esto está como un cristo»; antes de llegar aquí, desvían el suministro.

Su destino no se sabe, dicen que están ahorrando; nadie quiere saber nada y muchos se están forrando.

Si viene una inspección, aunque lo vean parado, ellos dan el visto bueno: ¡todos están sobornados!

A Satán solo le importa su buen sueldo y su querida; búscate un trapicheo y no se meten en tu vida.

No busques allí justicia, que ese sitio es un engaño: ¡los demonios son ministros que cambian cada cuatro años!

El Doctor "Manos Calientes"


 

El Doctor "Manos Calientes"

—¿Qué te pasa, amigo Juan? Que te veo muy tristón. —Estoy hecho una mierda, esperando un corazón.

—Me dejas de una pieza, si nunca tuviste vicios; trabajas en oficinas diseñando edificios.

—La vida es así de cruel, hace tiempo que estoy malo; esta vez me tocó a mí el recibir ese palo.

—Hay que echarle valor para seguir adelante. —Me operan rápidamente, ya encontraron al donante.

—Eso está muy avanzado, sobre todo en los humanos; existen pocos rechazos, hay muy buenos cirujanos.

—Me opera un especialista que es el número uno; operó a más de cien y no se murió ninguno.

Salvó muchísimas vidas, famosos y delincuentes; creo que tiene un apodo: le llaman "Manos Calientes".

—¡Ese doctor no me gusta! Su fama es inmerecida: ese salvó a mi mujer... ¡Y me birló a la querida!

—Ándate con mucho ojo, que el doctor es un tunante: ¡te va a arreglar el de pecho para robarte el de amante!



El Visitante de Agostini


El Visitante de Agostini

El hombre llegó a su casa notando algo muy extraño: una botella, dos copas... su mujer sale del baño.

Desnuda y muy sudorosa, ausente y bien despeinada, ni un beso de bienvenida, le mira como atontada.

Cuando pasa al dormitorio, el corazón le da un vuelco: la cama está toda deshecha y el cuarto se ve revuelto.

Él confía en su mujer, siempre ha sido muy formal; "ella nunca me engañaría, esto es algo paranormal".

La sienta para que se calme, hay tiempo para esperar; cuando esté recuperada, ya se lo podrá contar.

—Cariño, por Dios, perdona, no pienses mal de mi vida: aquí entró un extraterrestre y por él fui seducida.

—No me lo puedo creer, ¡eso es ciencia ficción! No me tomes por un tonto, dame otra explicación.

—Que era de otro planeta, de eso estoy muy segura; me hizo cosas en la cama en una y mil posturas.

Cuando me dejó rendida, nos tomamos un martini; dijo que él pertenecía al planeta De Agostini.

El marido, ya vencido, suspiró con amargura: —¡Lo que faltaba en la casa, otra nueva colección de altura!

El fin de la fábrica de armarios


El fin de la fábrica de armarios

Han tenido que cerrar. Empresas de productos varios. Se quedó sin futuro, la que fabricaba armarios.

Tuvo una época de gloria, le costaba abastecer, Los compraba mucha gente, para poderse esconder.

El hombre de otras tendencias, se veía poco a diario, Día y noche lo pasaba, escondido en el armario.

Esa incomprendida mujer, que ni un novio tenía, También usaba el armario, y casi no se veía.

De pronto se abren las puertas, se abandonan los armarios, Se vacían las iglesias, no se usan los rosarios.

El normal de toda la vida, no se exhibe con orgullo, Se queda muy desfasado, es un perfecto capullo.

La televisión se inunda, se puede ver a diario, De mujeres y hombres, que salieron del armario.

La que nunca tuvo novio, lo pasa de maravilla, Y presume, con orgullo, de hacer la mejor tortilla.

Había mucho amor oculto, ahora está aflorando, Pero como se infle mucho, terminará reventando.

Ya no se venden herrajes, ni cerrojos de latón, que para vivir al día, no hace falta un cascarón. 


El barniz se queda seco, la carcoma está de fiesta, pues mostrar lo que uno siente, ya casi nada nos cuesta.

Me acuerdo de ese armario, del cual podías saltar, Y hacer el salto del tigre, al estar sin empotrar.

Viendo la paja en el ojo ajeno

Viendo la paja en el ojo ajeno

Buenos días, vida mía, te noto algo salitrada; tienes muy mal aspecto, estás un poco arrugada.

Dime si es por mi culpa, si tienes alguna queja, que con ese mal talante me pareces una vieja.

Quizás sean los años que te traen la congoja; por verte ya mayor te sientes en cuerda floja.

Te queda mucha vida, y seguirás siendo útil; no desesperes, cariño, que no eres una inútil.

Alégrate de estar viva, enfréntate a la vida; sal fuera y diviértete, no te quedes escondida.

Tu edad es estupenda, no seas desaborida; levanta bien la silueta, no la lleves encogida.

—¡Marido, eres gilipollas! (y esto no es cosa mía), cuida de tus asuntos, no te metas en mi vida.

—Sabes que te quiero mucho, solo quiero que me hables; si yo tengo algo que ver... ¡Dime si soy el culpable!

—Culpable eres, y en parte, por hacerme esta encuesta... ¡Mírate bien el pito y hallarás la respuesta!

Bajé la vista al ombligo con la cara colorada, pues contra esa respuesta... ya no pude decir nada.

La Gallina del Yeso


 La Gallina del Yeso

De niño nunca escuché hablar de la salmonela; no la conocía mi madre, y mucho menos mi abuela.

Comía los huevos crudos, no había caducidad; si alguna vez los pillaba, era de casualidad.

Las gallinas por la calle, como no tenían nido, cada una iba poniendo en su lugar preferido.

Bajo un montón de leña vi un ponedero al azar; ese fue un día de suerte, lo tenía que aprovechar.

Cada día un huevo cogía con mucho, mucho disimulo; le hacía dos agujeros, en la punta y en el culo.

Chupaba su contenido y, para disimular, lo rellenaba con yeso y lo volvía a dejar.

Así hice varias meriendas, no dejé ni un huevo entero, hasta que un día la dueña descubrió aquel ponedero.

Hallar aquel gran tesoro le produjo una alegría: con una buena tortilla su familia comería.

Lo malo fue la sorpresa cuando se puso a partirlos: ¡eran tan duros los huevos que no pudo ni batirlos!

Le preguntó a mi madre si podía explicar eso: —"Si la gallina come piedras... ¡Pone los huevos con yeso!".

La pobre gallina entonces pagó por mi travesura: valió para diez cocidos a pesar de estar muy dura.

Hoy recuerdo aquella historia con nostalgia y con cariño, pues no hay mayor inventiva que la que tiene un niño.

El tiro por la culata

El tiro por la culata

—¡Marido, eres un celoso! Pensabas que tenía un ligue, y te gastaste el dinero contratando a un detective.

—De celos yo no padezco, te lo puedo asegurar; seguro lo has soñado o lo acabas de inventar.

—Desde hace quince días alguien me sigue los pasos; me explicarás el porqué, si yo no le hacía ni caso.

Un día ya me paré, le pregunté qué quería, si es que yo le gustaba y por qué me perseguía.

No me supo responder, me miró muy sorprendido; confesó que era un encargo por parte de mi marido.

No me digas que es mentira ni me pidas que me calle, te advierto que no soy tonta: puedo darte más detalles.

Tiene los ojos azules y una buena estatura, su cuerpo es atlético y su culo es de locura.

Lo pulí a mi manera, dejé que siguiera adelante; es un buen profesional... ¡Y ahora sí tengo amante!

Muchas gracias, querido, así no me encuentro sola. Él es más guapo que tú y, además, ¡usa pistola!

Así que no te me quejes, ni me pongas malos modos, tú pagas la vigilancia... ¡Y yo disfruto de todo!

Pesca de Verano


 Pesca de Verano

¡Cariño! Estamos de vacaciones, aunque no sea a diario, yo me encuentro relajada, ¡hazme algo extraordinario!

Haber avisado antes, que apenas es de mañana, si me tomo una Viagra... ¡no salimos de la cama!

Eso dura cinco horas, en una yo quedo lista; aprovechemos las otras en una playa nudista.

Siempre has querido ir, pero te daba complejo; por verla algo pequeñita te dabas por vencido y viejo.

Aprovecha la ocasión, vamos a la playa ahora, que todas se queden mirando lo que el bañador ignora.

Se adentra pronto en el mar, vienen peces pequeñitos, se la están mordisqueando y él siente hasta gustito.

Pero siente un gran mordisco que de verdad le hace daño: ¡se ha enganchado a su "amigo" un pez de un buen tamaño!

Da un salto de alegría, el hombre se siente audaz, pues ve que se pesca muy bien si la lombriz es capaz.

Después de tal experiencia, sus dudas se han disipado: su parienta está contenta, y encima cenan pescado.

Y así termina el veraneo, con humor y sin reproche, él presume de su "cebo" y ella disfruta la noche.

domingo, 25 de enero de 2026

La Era de los Gorrones

 

La Era de los Gorrones

Se encuentra ya la abuela en la cama agonizando, su familia está reunida y todos están llorando.

Trabajó durante décadas, está a punto de expirar; sesenta años de su vida cocinando en aquel bar.

La visitan asiduamente, pero se acaba el "chollo": se termina el café gratis y el llevarse siempre el bollo.

Esas croquetas tan ricas que ella sola sabía hacer, como dan mucho trabajo... ya no las van a comer.

Se acaban los cumpleaños y demás celebraciones; es el final de una era: ¡la era de los gorrones!

"Esta es mi voluntad: no quiero ser enterrada; como sé que me queréis, prefiero ser incinerada.

Mis cenizas en la urna, que quede muy bien cerrada, con luces de mil colores, que esté siempre iluminada.

Esa urna la tendréis por meses o temporadas, con las luces encendidas, que nunca estén apagadas.

Si os resultan extrañas todas estas peticiones... ¡Es
para que gastéis algo, so pedazo de gorrones!

La Primitiva y sus delirios


 La Primitiva y sus delirios

Cuando la gente se pone a hablar de la Primitiva, escuchando tantos sueños, te puedes pasar el día.

"El día que a mí me toquen unos cuantos de millones, diré adiós a la familia y fuera preocupaciones".

"Yo me compraré un coche, una marca de primera, visitaré todos los clubs que hay en la carretera".

"Yo me compraría un yate viajando por esos mares, visitando otros países, probando sus manjares".

"Yo prefiero estar en una isla hasta el final de mis días, donde pueda andar desnudo, rodeado de varias tías".

"Yo me compraría una finca, que cuesta menos pesetas; sería un hombre muy feliz todo el día buscando setas".

"Yo compraría un rascacielos con una terraza bella; invitaría a champán, a mi mujer y a la suegra".

"Son dos perfectas brujas, pero no saben volar; les pondría un par de alas, les daría un empujón... ¡Que salgan a disfrutar!".

Sueños de ambos sexos, no hay que discriminar: si eres mujer, tiras al marido y al suegro por el balcón, ¡y que aprendan a volar!

La Codiciada "Peseta"


Esto que escribo ahora es una historia coqueta, y me voy a referir a lo que era una peseta.

Pero no hablo de monedas, esta es mucho más tierna: era la que custodiaban las chicas entre las piernas.

El trabajo era muy arduo, conseguirla, una aventura; más fácil si eras muy guapo o tenías caradura.

Al estar tan escondida pocas veces se tocaba, la chica siempre decía: «esa zona es reservada».

Medio año de trabajo para poderla alcanzar, y algunas siempre decían: «¡tú no la vas a catar!».

Así fue mi juventud, verán que fue una puñeta: trabajaba muchas horas sin ganar una peseta.

Muchas que tanto guardaron hoy se sienten amargadas, viendo que sus "pese titas" están muy devaluadas.

Ahora, cuando nos vemos, nos ponemos a llorar: ¡quisiéramos ser tan jóvenes para podernos gastar!

Si yo volviera a nacer —dicen hombre y mujer—, la peseta que agarrara... ¡No la iba a dejar perder!