Esto que escribo ahora es una historia coqueta, y me voy a referir a lo que era una peseta.
Pero no hablo de monedas, esta es mucho más tierna: era la que custodiaban las chicas entre las piernas.
El trabajo era muy arduo, conseguirla, una aventura; más fácil si eras muy guapo o tenías caradura.
Al estar tan escondida pocas veces se tocaba, la chica siempre decía: «esa zona es reservada».
Medio año de trabajo para poderla alcanzar, y algunas siempre decían: «¡tú no la vas a catar!».
Así fue mi juventud, verán que fue una puñeta: trabajaba muchas horas sin ganar una peseta.
Muchas que tanto guardaron hoy se sienten amargadas, viendo que sus "pese titas" están muy devaluadas.
Ahora, cuando nos vemos, nos ponemos a llorar: ¡quisiéramos ser tan jóvenes para podernos gastar!
Si yo volviera a nacer —dicen hombre y mujer—, la peseta que agarrara... ¡No la iba a dejar perder!

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