Justicia de Sotana y Castillo
Se lo dedico a mi madre y también a mi abuela, que por culpa de aquel cura les quedó una gran secuela.
Se habla mucho de los curas y de abusos sexuales, pero hubo otras injusticias aunque no fueran iguales.
En Puebla de Sanabria mi madre me comentaba: «Dentro de aquel castillo, por un cura, estuve encerrada».
¿El delito cometido? Algo que es una locura: segar un cesto de hierba en el prado de aquel cura.
Era para su burrito, se equivocó de sembrado; la segó en el de la iglesia, que estaba justo allí al lado.
Cuando el cura se dio cuenta de que su hierba fue segada, pidió a la Guardia Civil que fuese ella castigada.
Tenía solo diez años, eso nunca lo olvidó; fue la noche más amarga que en su vida ella pasó.
Al ser ella tan pequeña su inocencia ya no cuela: la justicia, por el «crimen», incluyó también a mi abuela.
En un calabozo oscuro, un lugar muy deprimente, las tuvieron encerradas como al peor delincuente.
Apoyado en el sistema cometió atrocidades: se burló de dos mujeres con muchas necesidades.
El cura no comía hierba, eso sería un disparate; cuando alguien le invitaba, pedía pan y chocolate.
Por suerte todo ha cambiado, sin burros para comerla; con menos poder los curas, hoy... que les sobre la hierba.

































