Un tacaño en el entierro
Era un viejo muy tacaño con el puño bien cerrado, no quería que su mujer disfrutara lo ahorrado.
Antes de morir el hombre le dijo: —"Escucha, mujer, todo el dinero que tengo al hoyo me lo he de traer".
—"Júrame por lo que quieras que al cerrar el ataúd, metes todos mis millones donde no haya ni una luz".
Ella, que era muy lista, le dijo: —"No sufras, marido, que te irás con tus pesetas aunque ya estés fallecido".
Llegó el día del entierro, la caja estaba ya ahí, y la viuda puso un sobre antes de decirle "así".
Una amiga le decía: —"¡Pero tú estás tonta o qué! ¿Le has dado todo el dinero para que no vuelva a pie?"
La viuda, con mucha guasa, le contestó muy sincera: —"Yo soy mujer de palabra y no soy una cualquiera".
—"He contado los billetes, las joyas y hasta el parqué, lo he ingresado en mi cuenta... ¡Y le he firmado un cheque!"
—"Si en el otro barrio quiere comprarse algún capricho, que baje hasta la oficina y que cobre lo que he dicho.

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