El milagro de la salchicha
Condenado por el Rey, sumido en la desdicha, le acusan de que a la Reina le gustaba su salchicha.
Cosa tan insoportable el Rey no pudo tolerar; decidió cortarle el miembro: ¡que no vuelva a pasar!
Mensajeros por el reino anuncian el escarmiento, pues quiere el Rey que su pueblo conozca el acontecimiento.
Llegado el día marcado, la plaza está que revienta; entradas por las nubes y funciona la reventa.
Se cruzan mil apuestas de lo que pueda pasar: si cortarán los testículos y cuánto podrán pesar.
Le dejan en pelotas, sin hacer un rasurado; no caerá solo el miembro, irá bien acompañado.
Lo suben al patíbulo, un tronco ponen debajo, mas no encuentran el objetivo para cortarlo de un tajo.
Un silencio sepulcral, la gente queda sin habla: no encuentran lo que buscan, ¡es más liso que una tabla!
El tipo es un portento, la situación la aguanta: metió el miembro en la tripa y los huevos en la garganta.
Imposible castigarle, no encuentran el motivo; le había entrenado un Buda y se libró del castigo.
El Rey, muy avergonzado ante tal situación, no tiene más remedio que otorgar el perdón.
Para el Rey fue un alivio, para la Reina una dicha: ya no sería juzgada... ¡Por gozar de la salchicha!

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