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sábado, 17 de enero de 2026

La Frustración de la Viuda.

 

Veinte años lleva viuda, está muy desesperada; le gustaría recordar algo de cuando estuvo casada.

Recuerda bien a su esposo, aunque era un "puñetero": recogía muchos trastos y los guardaba en el trastero.

Cansada de tanto bulto, se pone a hacer la limpieza; ve una lámpara extraña y de una sola pieza.

Está toda oxidada, parece de varios siglos; por ver si es interesante, decide sacarle brillo.

La mujer frota que frota y no deja de frotar; al genio que estaba dentro lo consigue despertar.

—Date prisa en pedir algo, ¡que casi me muerde el deseo! No te enrolles al pedir, que solo concedo un deseo.

—No quiero abusar de ti, deseo algo modesto: ¡Convierte a mi perro fiel en un joven muy apuesto!

—Deseo concedido, será tu esclavo y amado; es un buen carpintero y sabe clavar el clavo.

La viuda se volvió loca al ver su cuerpo de atleta: «Seguro que está en forma y siempre llega a la meta».

Pero al mirar "la herramienta", ve una pieza obsoleta; ese martillo no clava ni una simple chincheta.

El joven soltó una risa, ella casi se desmaya; él le recuerda aquel día que le hizo una canallada:

—Solo tuviste un deseo, ¿no te has parado a pensar? Que cuando yo era perro... ¡Me llevaste a castrar!

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