El Avispero Tierno
¡¡Levanta el culo del sofá!! No seas tan marrullero, te llevo un año diciendo que tapes un agujero.
Sigues ahí tan pancho, ni te has dignado a mirar. ¿Necesitas material para poderlo tapar?
De noche ni lo ves, de día te da miedo; solo cerveza y sofá, y encima tirando pedos.
—Sabes que las avispas a mí me dan mucho miedo; esa pared es muy vieja, tiene muchos agujeros.
—Tiene tantos agujeros que no doy con el exacto. —¡Saca la chorra y los meas! Lo encontrarás en el acto.
Obedeciendo las órdenes, meó contra la pared; salió todo un avispero, le picaron más de diez.
Su miembro, una morcilla, no lo podía esconder; lo agarró con las dos manos, se lo enseñó a la mujer.
Sus ojos desorbitados, la mente se le nubló; no lo podía creer, por eso se desmayó.
Recuperada del susto, ella hincó la rodilla; estaba dispuesta a catar ese tipo de morcilla.
No sabía que las avispas elaboran tal morcilla, pero esta sabía a miel: ¡era una maravilla!
Le prohibió ir al médico, dijo que era pasajero, que no matara a las avispas... ¡Y tapará otro agujero!

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