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sábado, 17 de enero de 2026

La Máquina y la Moneda

 

La Máquina y la Moneda

Un matrimonio de pueblo, que se quieren divorciar, Es la custodia del hijo, lo que tienen que aclarar.

No se ponen de acuerdo, explican sus razones, Se encuentran ante la juez, dan sus explicaciones.

—Señoría, yo lo parí, sufrí muchos reveses, Tuve una gestación difícil, durante los nueve meses.

Una madre ama al hijo, no lo pienso abandonar. Su padre es un desastre, que no sabe ni labrar.

—Soy un buen labrador, esto no puedo aguantar, Para plantar la semilla, hay mucho que trabajar.

Ella es una tierra mala, dura como la arcilla. Yo me tiré cinco años, para plantar la semilla.

Es como un terreno baldío, muy poco roturado. Hace falta sudar mucho, para enterrar el arado.

—¡Eso es una pura mentira! Tu reja no es buena. No vale para labrar, ni en un terreno de arena.

Además, es muy pequeña, endeble y muy gastada. Echa de gominola, como cuando está chupada.

La juez no es de pueblo, tampoco ha parido. Nada entiende de reja, ni de terreno baldío.

Para dictar la sentencia, la juez está hecha un lío. La juez dictó la sentencia: —No se peleen, señores, que el producto es de la máquina... ¡Y el dueño cobra los valores!


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