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sábado, 17 de enero de 2026

El látigo olvidado

 

El látigo olvidado

En tiempos de Inquisición, época de brujería, condenaban a la mujer por la menor tontería.

Por una cosa muy vana fue una joven castigada: al cruzarse con el cura, le sostuvo la mirada.

Se quejó el buen superior de haber sido tentado por esa mujer de casta y de busto pronunciado.

«Indigno es en la mujer mirar al cura a la cara; para dar un escarmiento, ¡que sea bien castigada!»

«Serás tú el ejecutor, pues eres el ofendido; le darás cien latigazos, que no olvide lo sufrido».

Llevaron a la mujer a una celda muy oscura; la dejaron sin ropajes y entró enseguida el cura.

Se oyen gemidos y gritos, y los que están escuchando se quedan maravillados de la zurra que está dando.

Cuando abrieron la celda, se llevan la gran sorpresa: ella sale entre bailes con una jota aragonesa.

El cura está medio muerto, no puede ni respirar; no entiende qué ha sucedido, ni lo puede explicar.

«Para cumplir el castigo, se usa el látigo de cuero; tú olvidaste la correa... ¡Y encima  sales en cueros!»


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