El misterio del costurero
En un remoto lugar, un domingo en plena misa, se puso una de parto: el niño nació deprisa.
En la pila del bautismo le lavaron al momento, pues era el agua más cercana al lugar del nacimiento.
Pensaron en un milagro que todo iba a cambiar: él sería el elegido que daría la señal.
Se crio muy apartado de los chicos y las chicas; como era tan agraciado, le tacharon de marica.
Le tocó en la Legión el servicio militar. Todos y todas pensaron: «Allí le van a cambiar».
Regresó de hacer la mili, y en algo había cambiado: se dejó crecer la barba, pero seguía afeminado.
Se dedicó a la costura, nadie lo podía creer: maestro en los sostenes y en prendas de la mujer.
Era tan perfeccionista al tomar bien las medidas, que pedía turno el pueblo —una mujer cada día—.
Empezaron a nacer niños sin saber quién los fabrica, pero todos se parecen al perfil del «marica».
Los hombres se mosquearon: «Algo raro está pasando». Las mujeres comentan: «¡Es el tiempo del cambio!».
Murió joven y agotado, dicen que «desnutrido», siempre al pie del trabajo y cumpliendo lo pedido.
Desfiló una multitud mientras le estaban velando: ellos le señalan el dedo, ellas desfilan llorando.
Analizando su historia, el misterio se complica: para unos fue un machote, para otros... un marica.

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