La sospecha y la adivina
El hombre vive mosqueado, día y noche cavilando: ve a su mujer tan cansada que cree que le está engañando.
Un día riñe por el perro que le ladra a la vecina; esta le llama «cornudo» y él va a ver a una adivina.
—Vengo a su consulta, doña, porque no como ni duermo; mire bien en su bola si me han plantado algún cuerno.
Apaga la luz la vidente, el cuarto queda a oscuras: —Si quieres ver la verdad, cien euros es la factura.
Aunque le parece caro, no le queda otro remedio. En la bola se proyectan los grandes cuernos de un ciervo.
—Ya puedes hacerte una idea viendo esa cornamenta; esos son, más o menos, los que te pone la parienta.
Llega furioso a su casa y se enfrenta a la mujer: —¡Cien euros me ha costado tu engaño conocer!
—Sabes que te quiero mucho y que eres mi marido; antes de gastar ese dinero, haber hablado conmigo.
Me demuestras que eres tonto,el más tonto de la tierra; yo te contaría mis amantes... ¡y sin cobrarte una perra!




































