Hacer el amor sin casarse
Hacer el amor sin casarse, tarea muy complicada; la mujer, en otros tiempos, andaba muy asustada.
Con los cuentos de la abuela, los consejos de la madre, amenazas de los hermanos y los golpes de su padre.
La Iglesia con sus pecados, el cura con sus sermones, penitencias impuestas al hacer las confesiones.
Usando bragas de lino, rozando sus zonas tiernas, difícil tenerlas juntas... ¡Se separaban las piernas!
El pecado era más grave si la mujer se tumbaba; era un pecado mortal que nunca se perdonaba.
El hacerlo estando en pie parecía menor pecado; existía la creencia de no quedar en estado.
Con esa postura y faldas se hacía bastante mal, pero era menos castigado al ser pecado venial.
Si no mostraba entusiasmo, y además no se movía, le servía de disculpa no saber lo que hacía.
Y así pasaban los años, entre rezos y temores, guardando bajo la falda sus más ocultos amores.


































