Confidencias entre café y flores
Dos mujeres se reúnen, más que nada, a cotillear. Como ambas están casadas, tienen mucho que contar.
Los maridos siempre son tema de conversación; como ninguno es perfecto, les divierte la ocasión.
—¿Cómo vas con tu marido? Dicen que habéis discutido. —Nos pasa de vez en cuando, pero ya se ha convencido.
—Estoy de acuerdo contigo, no hay hombre que sea perfecto; con el tiempo te das cuenta de que todos tienen defectos.
—Ayer reñí con el mío, hoy volvió con mil colores, diciendo que me quería: ¡el amor de sus amores!
Al pasarse ya el enfado, nos entraron muchas ganas; puse en agua aquel ramo y volamos a la cama.
—El mío no es detallista, es más bien un desabrido, pero haciendo bien el amor... ¡No hay queja de mi marido!
Dos cosas son necesarias para arreglar desamores: saber usar la herramienta y acompañarla con flores.
Se miraron sonrientes, con el café ya acabado: con flores y buen empeño, el marido está arreglado.

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