Del jamón al salchichón
Érase una vez una mujer, tan rica como aburrida, que aunque le sobrara el dinero, no era feliz en su vida.
Triste era ser tan potente y sentirse tan aislada; en una sociedad pobre, su plata no valía nada.
Tras más de treinta años largos siempre comiendo jamón, decidió cambiar el chip y probar el salchichón.
Repartió toda su herencia en la primera ocasión; los pobres la bendecían al bajar su posición.
Aquello fue como un postre, como una tarta de miel: los hombres todos querían probar un poco de pastel.
Al estar a su nivel se acabaron los complejos; ella era un prado verde que atraía a los conejos.
Parecía un enjambre buscando entrar en colmena, a pesar de que era fea y no estaba nada buena.
Tanta demanda tenía que la mujer se hizo un lío: siendo pobre fue más fácil el pescar un buen marido.
Es extraña la moraleja, ni espero que alguien la crea: liga más una pobre fea, que una rica... siendo fea.
Y así concluye este cuento: que el dinero es un estorbo, pues la cuenta corriente quita, lo que la pobreza da de morbo.

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