Dos amigas muy amigas
Dos amigas muy amigas, de amistad de muchos años, se vuelven a saludar tras superar mil desengaños.
—¡Qué alegría me da verte! Estás lozana y hermosa. A pesar de tus setenta, te veo como una rosa.
En cambio, fíjate en mí, estoy muy estropeada. Desde que perdí al marido, ya no valgo para nada.
Me contarás tus secretos, a ver si copio tu norma. Ya intenté ir al gimnasio para mantenerme en forma.
—El secreto es muy sencillo, tienes que ponerte al día: como sobran tantos hombres, ¡tírate uno cada día!
Eso es lo que yo hago para mantenerme activa. Cada día cambio de mozo, me va muy bien en la vida.
—¡María, qué cosas dices! Desde que murió el marido, jamás lo volví a catar, ¡está más seco que un higo!
—Lo nuestro es un manantial y precisa de cuidados. Si no le quitas la broza, se terminará secando.
Como ves es muy sencillo, procura tenerlo en cuenta. Siempre estará en su punto... ¡Usando buena herramienta!

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