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martes, 20 de enero de 2026

Amores de Aldea


Amores de Aldea

Aquellos amores de aldea, costaba mucho encontrar. Se invertía mucho tiempo para llevarla al pajar.

Había muy poco surtido, en todo había carencia. No se usaba el reloj, se armaban de paciencia.

Así pasaban los años, sin poder cobrar la pieza. Eso llega a obsesionar y da dolor de cabeza.

Tras tanto tiempo buscando, con tanto tiempo perdido, al fin encuentra una moza y puede soltar un tiro.

Buscó el momento ideal para podérselo dar; una noche le propuso una cita en el pajar.

Era un sitio apartado, con la paja bien trillada y un haz de paja larga que servía de almohada.

Al empezar la función, él no lo podía creer: la chica pegó un salto y escapó a todo correr.

Tardó algo en reaccionar, con el calzón bajado. Salió corriendo tras ella a ver qué había pasado.

—¡Mejor me miras el culo! —le gritó sin descansar—. ¡Me ha pinchado esa aguja que se perdió en el pajar!

Se acabó allí la aventura, terminó el sueño anhelado; él se quedó con la aguja y el tiro... mal disparado.

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